El inicio de una nueva era
El organismo de hombres y mujeres no deja de cambiar nunca. En el sexo femenino, después de los 45 ó 55 años existe un cese de la función de los ovarios, debido a que los óvulos con los que nace la mujer se han agotado.
Cuando esto sucede y los ovarios ya no producen estrógeno ni progesterona, dos hormonas femeninas importantes, también hay un cese de la menstruación y las mujeres pierden la capacidad de tener hijos.
En esta etapa de la vida, algunas mujeres experimentan síntomas como sudores nocturnos, pueden perder la elasticidad de su piel, aparecen las arrugas o pueden sufrir de incontinencia urinaria. Peor aún, según la ginecóloga Elizabeth López de Fuentes, cuando una mujer no posee estrógenos en el organismo, tiene mayores riesgos de sufrir problemas cardíacos o la pér-dida de la masa ósea de sus huesos (osteoporosis).
Andrógenos en declive
En el caso de los hombres, aunque no existe un cambio tan radical como en las mujeres, cuando ellos llegan a los 65 ó 70 años, también sufren cambios en sus organismo, etapa que con anterioridad se llamaba andropausia.
“No es que cese la función de los testículos, sino que hay una disminución de su función, que entre otras cosas es producir las hormonas llamadas andrógenos y la producción de espermatozoides”, comentó el urólogo René Tiraboschi.
Cuando aparece esta etapa, conocida ahora como síndrome de Adam, los hombres pueden ir experimentando poco a poco síntomas, como cambios en la piel, caída del cabello, problemas para asimilar la glucosa, entre otros.
Problema de dos
Cuando la menopausia o el síndrome de Adam aparece, no sólo sufre quien los padece. Muchas veces, el esposo o la esposa no está al tanto de los cambios y síntomas de su pareja y puede sentirse incomprendido o incluso engañado.
“Durante la menopausia, muchas mujeres no sienten deseo sexual y por ello, los esposos pueden creer que ellas tienen otro hombre”, dijo la ginecóloga.
Además, por la falta de estrógeno, algunas mujeres sufren de falta de lubricación vaginal y de un adelgazamiento y “encogimiento” del tejido de la vagina. Como resultado, la vagina tiende a secarse, picar, sangrar e incluso puede contraer infecciones después de una relación sexual.
“En esta etapa, lo mejor es la comprensión de la pareja, que realicen muchos juegos sexuales, muchas caricias, besos... También se le puede recomendar a la paciente crema a base de estrógenos o un lubricante vaginal”, recomendó la experta.
En los hombres sucede algo parecido. Según Tiraboschi, el problema surge porque cuando la mujer ya ha controlado la menopausia, los síntomas del síndrome de Adam están instalándose poco a poco en el hombre.
Entre estos síntomas, la irritabilidad, la disminución en el deseo sexual y los problemas eréctiles pueden hacer pensar a la pareja que su esposo tiene otra mujer.
“La consulta de estos problemas deben ser en pareja, para que de esa manera ambos escuchen las explicaciones y exista comprensión”, comentó el urólogo.
Soluciones a su alcance
Tanto para la menopausia como para el síndrome de Adam existen soluciones que pueden mejorar la vida, incluso la sexual.
En el caso de los hombres, los inhibidores de fosfodiesterasa 5 (PDE 5) son muy buenos para combatir la disfunción eréctil.
Además, si los otros síntomas son muy fuertes, el médico considerará utilizar tratamientos de reemplazo hormonal. “Antes de iniciar el tratamiento, se deben realizar exámenes para descartar que exista cáncer”, comentó el urólogo. Esto se debe a si existe cáncer de próstata, mama, útero, etc, las terapias hormonales pueden volverlo agresivo.
Si los exámenes son negativos, el paciente podrá iniciar un tratamiento hormonal, que mejore su calidad de vida, todo ello bajo estricto seguimiento médico.
Hombres diferentes
Cuando un hombre experimenta el síndrome de Adam y su función hormonal se ve disminuida, su producción de espermatozoides disminuye también y empieza a sufrir de infertilidad.
Existe una redistribución de la grasa corporal.
Hay una disminución de la actividad intelectual, el hombre empieza a pensar menos, a olvidar las cosas.
Se altera la percepción de saciedad y comen más que lo normal, y como consecuencia aumentan de peso.
El cabello empieza a caerse.
El hombre va perdiendo paulatinamente el dominio de su función eréctil.
La falta de andrógenos unida a otras situaciones del entorno pueden volver a un hombre irritable.
Mujeres distintas
Cuando una mujer atraviesa la menopausia, y no hay producción de estrógenos, puede sufrir varios síntomas. La ginecóloga Elizabeth López de Fuentes explica algunos de ellos:
El climaterio o la menopausia incluye el final de la menstruación y marca así el final de la fertilidad femenina.
El 75 por ciento de las mujeres experimenta bochornos o calores, a pesar de encontrarse en un ambiente helado.
Hay mucha sudoración, especialmente en la cabeza, cuello, tórax y en la espalda.
Algunas mujeres presentan palpitaciones, vértigo o debilidad.
Algunas pacientes no pueden dormir bien debido a los bochornos nocturnos, de allí que las mujeres, al no dormir bien, se sientan molestas e irritables.
Aparecen problemas en las vías urinarias, pues los estrógenos conservaban el tejido de la vejiga y la uretra.
Algunas mujeres sufren de atrofia vaginal o falta de lubricación al momento de mantener relaciones sexuales.
http://www.laprensagrafica.com/vivir/85037.asp
Cuando esto sucede y los ovarios ya no producen estrógeno ni progesterona, dos hormonas femeninas importantes, también hay un cese de la menstruación y las mujeres pierden la capacidad de tener hijos.
En esta etapa de la vida, algunas mujeres experimentan síntomas como sudores nocturnos, pueden perder la elasticidad de su piel, aparecen las arrugas o pueden sufrir de incontinencia urinaria. Peor aún, según la ginecóloga Elizabeth López de Fuentes, cuando una mujer no posee estrógenos en el organismo, tiene mayores riesgos de sufrir problemas cardíacos o la pér-dida de la masa ósea de sus huesos (osteoporosis).
Andrógenos en declive
En el caso de los hombres, aunque no existe un cambio tan radical como en las mujeres, cuando ellos llegan a los 65 ó 70 años, también sufren cambios en sus organismo, etapa que con anterioridad se llamaba andropausia.
“No es que cese la función de los testículos, sino que hay una disminución de su función, que entre otras cosas es producir las hormonas llamadas andrógenos y la producción de espermatozoides”, comentó el urólogo René Tiraboschi.
Cuando aparece esta etapa, conocida ahora como síndrome de Adam, los hombres pueden ir experimentando poco a poco síntomas, como cambios en la piel, caída del cabello, problemas para asimilar la glucosa, entre otros.
Problema de dos
Cuando la menopausia o el síndrome de Adam aparece, no sólo sufre quien los padece. Muchas veces, el esposo o la esposa no está al tanto de los cambios y síntomas de su pareja y puede sentirse incomprendido o incluso engañado.
“Durante la menopausia, muchas mujeres no sienten deseo sexual y por ello, los esposos pueden creer que ellas tienen otro hombre”, dijo la ginecóloga.
Además, por la falta de estrógeno, algunas mujeres sufren de falta de lubricación vaginal y de un adelgazamiento y “encogimiento” del tejido de la vagina. Como resultado, la vagina tiende a secarse, picar, sangrar e incluso puede contraer infecciones después de una relación sexual.
“En esta etapa, lo mejor es la comprensión de la pareja, que realicen muchos juegos sexuales, muchas caricias, besos... También se le puede recomendar a la paciente crema a base de estrógenos o un lubricante vaginal”, recomendó la experta.
En los hombres sucede algo parecido. Según Tiraboschi, el problema surge porque cuando la mujer ya ha controlado la menopausia, los síntomas del síndrome de Adam están instalándose poco a poco en el hombre.
Entre estos síntomas, la irritabilidad, la disminución en el deseo sexual y los problemas eréctiles pueden hacer pensar a la pareja que su esposo tiene otra mujer.
“La consulta de estos problemas deben ser en pareja, para que de esa manera ambos escuchen las explicaciones y exista comprensión”, comentó el urólogo.
Soluciones a su alcance
Tanto para la menopausia como para el síndrome de Adam existen soluciones que pueden mejorar la vida, incluso la sexual.
En el caso de los hombres, los inhibidores de fosfodiesterasa 5 (PDE 5) son muy buenos para combatir la disfunción eréctil.
Además, si los otros síntomas son muy fuertes, el médico considerará utilizar tratamientos de reemplazo hormonal. “Antes de iniciar el tratamiento, se deben realizar exámenes para descartar que exista cáncer”, comentó el urólogo. Esto se debe a si existe cáncer de próstata, mama, útero, etc, las terapias hormonales pueden volverlo agresivo.
Si los exámenes son negativos, el paciente podrá iniciar un tratamiento hormonal, que mejore su calidad de vida, todo ello bajo estricto seguimiento médico.
Hombres diferentes
Cuando un hombre experimenta el síndrome de Adam y su función hormonal se ve disminuida, su producción de espermatozoides disminuye también y empieza a sufrir de infertilidad.
Existe una redistribución de la grasa corporal.
Hay una disminución de la actividad intelectual, el hombre empieza a pensar menos, a olvidar las cosas.
Se altera la percepción de saciedad y comen más que lo normal, y como consecuencia aumentan de peso.
El cabello empieza a caerse.
El hombre va perdiendo paulatinamente el dominio de su función eréctil.
La falta de andrógenos unida a otras situaciones del entorno pueden volver a un hombre irritable.
Mujeres distintas
Cuando una mujer atraviesa la menopausia, y no hay producción de estrógenos, puede sufrir varios síntomas. La ginecóloga Elizabeth López de Fuentes explica algunos de ellos:
El climaterio o la menopausia incluye el final de la menstruación y marca así el final de la fertilidad femenina.
El 75 por ciento de las mujeres experimenta bochornos o calores, a pesar de encontrarse en un ambiente helado.
Hay mucha sudoración, especialmente en la cabeza, cuello, tórax y en la espalda.
Algunas mujeres presentan palpitaciones, vértigo o debilidad.
Algunas pacientes no pueden dormir bien debido a los bochornos nocturnos, de allí que las mujeres, al no dormir bien, se sientan molestas e irritables.
Aparecen problemas en las vías urinarias, pues los estrógenos conservaban el tejido de la vejiga y la uretra.
Algunas mujeres sufren de atrofia vaginal o falta de lubricación al momento de mantener relaciones sexuales.
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