Salud y Sexualidad *

viernes, marzo 25, 2005

¿Puede haber embarazo durante la menstruación?

¿Cuál es la probabilidad de embarazo durante la menstruación? ¿Cuál es la probabilidad de que mi pareja quede embarazada al tener relaciones sexuales justo en los días de menstruación, sin el uso de preservativo y además eyaculando en el interior de la vagina?

La posibilidad de un embarazo al tener relaciones sexuales durante los días de la menstruación es prácticamente nula, puesto que en el ovario no ha madurado aún un folículo y por lo tanto no existe probabilidad de ovulación inminente. Tampoco existe en ese periodo un endometrio (revestimiento uterino) preparado para recibir un óvulo fecundado.


Pero si la menstruación es larga, como de seis, siete o más días, un embarazo sí es posible si se tienen relaciones sexuales los últimos días de la misma.


Es muy importante tener en cuenta que pueden ocurrir sangrados genitales que se asemejan a una menstruación, sin serlo. Por ejemplo, algunas veces justo en los días en que ocurre la ovulación, la mujer puede presentar un sangrado de volumen variable durante uno o dos días, y eso puede confundir. Además, un trastorno menstrual puede producir un sangrado que no sea menstruación y que se confunda como tal.


En muchas ocasiones se dan relaciones sexuales sin que necesariamente se trate de una pareja estable. Como se sabe, en esos casos las probabilidades de contagio de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) se incrementan. Está probado que la presencia de menstruación aumenta aún más dichas probabilidades de contagio. Por ese motivo se recomienda siempre que en las relaciones sexuales con parejas eventuales y/o desconocidas se utilice un preservativo como medio de prevención del embarazo y de protección contra las ETS.


http://www.terra.com.pe/sexalud/scripts/vercontenidopregunta.cgi?categoria=02&tema=24&pregunta=0356

 

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sábado, marzo 19, 2005

La guerra secreta contra el condón

Hace tres mil años, una pareja de amantes egipcios experimentó con una bolsita de lino y fabricó el primer preservativo conocido. Algunos todavía no han superado el trauma.


No sólo las clases dominantes de América Latina y la iglesia romana abominan de la “camisinha”, que le dicen en Brasil, de látex. Los fundamentalistas de derecha en Estados Unidos también.


En estos últimos años, varios grupos conservadores que apoyan al presidente George W. Bush han declarado la guerra al preservativo. Han lanzado una campaña pavorosa que, de tener éxito, podría tener como consecuencia la muerte por sida de millones de personas en el mundo.


Me percaté de esta campaña el año pasado, cuando empecé a recibir por correo electrónico mensajes de cristianos evangélicos que insistían en que los condones tienen poros de unos 10 micrones de diámetro, mientras que el virus del sida mide apenas un décimo de micrón.


La afirmación es una falsedad científica –los microscopios electrónicos no han hallado tales poros–, pero la campaña de desinformación resulta ser un tiro de largo alcance para desacreditar los preservativos, acallar toda referencia a ellos en las escuelas y desalentar su uso en otros países.


“El único anticonceptivo permanente absolutamente garantizado es la castración”, sugieren, con espíritu servicial, en un sitio católico en Internet. (Hmmm... tú vas primero).


Luego están las cuñas radiofónicas en Texas: “Los preservativos no protegerán a la gente contra muchas infecciones de transmisión sexual”. Un informe de Human Rights Watch cita esta declaración de un funcionario escolar de ese mismo estado: “No discutimos el uso del preservativo, salvo para decir que los condones no sirven”.


Estoy totalmente a favor de que se enseñe la abstinencia, y existen algunas evidencias de que su promoción ayuda a retardar y reducir el contacto sexual tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Pero la gente joven ha fornicado diligentemente desde que se inventó el sexo (en 1963, según el poeta Philip Larkin), y desacreditar el preservativo tiene probabilidades de desalentar su uso, pero no las relaciones sexuales. El resultado para los jóvenes estadounidenses será más gonorrea y sida y en el extranjero muchas más muerte.


Hasta ahora el presidente Bush no ha adherido plenamente a la campaña contra los condones, pero hay señales alarmantes de que se está subiendo al tren. En diciembre pasado, durante una conferencia internacional en Bangkok, funcionarios estadounidenses exigieron la supresión de una referencia al “uso consistente del preservativo” para combatir el VIH/sida y las ETS (enfermedades de transmisión sexual). ¿Qué defiende, entonces, este gobierno? ¿Su uso intermitente?


Luego vino la cabriola del Condón, en el sitio de los Centros para control y prevención de enfermedades: en julio del 2001 quitaron una página con datos concretos sobre el condón y luego la reemplazaron por otra en que subrayan que éste podría no funcionar.


“Básicamente, el gobierno de Bush condena a la gente a muerte por VIH/sida”, advirtió Adrienne Germain, presidenta de la Coalición Internacional por la Salud de las Mujeres [IWHC]. “Y estamos hablando de decenas de millones de personas”.


Los grupos evangélicos hacen una obra magnífica en África, dirigiendo clínicas para algunos de los seres más desdichados del mundo: por ejemplo, las personas pobres que padecen sida. Por ello desconcierta ver a estos mismos grupos participando en la difusión de falsedades científicas que acarrearán muchas más muertes por sida.


El consenso científico es simple: los preservativos distan de ser perfectos, pero reducen considerablemente el riesgo de adquirir VIH y gonorrea en el hombre y quizás también reducen el de otras ETS, si bien se requieren más estudios para una demostración definitiva.


Hechos e infortunios


Un estudio de la Universidad de California en Berkeley reveló el sorprendente balance costo-eficacia de la distribución de preservativos: apenas 3.5 dólares anuales por cada vida salvada. La terapia antirretroviral cuesta casi 1.050 dólares anuales por persona.


Estados Unidos dona solamente 300 millones de preservativos anuales; al terminar el mandato del primer presidente Bush, donaba unos 800 millones.


Tomemos por caso a Botswana, que tiene el índice de VIH más elevado del mundo: 39 por ciento de la población adulta. Según cifras dadas en un informe de Population Action International sobre preservativos, el hombre promedio en ese país no llega a recibir ni un condón por año de donantes internacionales.


En el tiempo que a usted le ha llevado leer este artículo han muerto de sida 28 personas, entre ellas cinco niñas y niños, y otras 49 han adquirido la infección.


Debemos superar nuestros remilgos; aceptar que el preservativo es falible, pero es mucho mejor que no usar nada; reconocer que los condones no inducen al sexo, del mismo modo que un paraguas no provoca la lluvia, y asegurarnos de que, en lugares como Botswana, las parejas reciban más de un condón por año.


* Periodista estadounidense. Publicado originalmente en The New York Times. Esta versión en español pertenece a Zoraida J. Valcárcel y Laura E. Asturias y fue publicada en La Tertulia, agencia de noticias colaboradora de Mujereshoy.



Fuente: La Tertulia, Guatemala.
http://www.mujereshoy.com/secciones/2897.shtml

 

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miércoles, marzo 09, 2005

El inicio de una nueva era

El organismo de hombres y mujeres no deja de cambiar nunca. En el sexo femenino, después de los 45 ó 55 años existe un cese de la función de los ovarios, debido a que los óvulos con los que nace la mujer se han agotado.


Cuando esto sucede y los ovarios ya no producen estrógeno ni progesterona, dos hormonas femeninas importantes, también hay un cese de la menstruación y las mujeres pierden la capacidad de tener hijos.


En esta etapa de la vida, algunas mujeres experimentan síntomas como sudores nocturnos, pueden perder la elasticidad de su piel, aparecen las arrugas o pueden sufrir de incontinencia urinaria. Peor aún, según la ginecóloga Elizabeth López de Fuentes, cuando una mujer no posee estrógenos en el organismo, tiene mayores riesgos de sufrir problemas cardíacos o la pér-dida de la masa ósea de sus huesos (osteoporosis).


Andrógenos en declive

En el caso de los hombres, aunque no existe un cambio tan radical como en las mujeres, cuando ellos llegan a los 65 ó 70 años, también sufren cambios en sus organismo, etapa que con anterioridad se llamaba andropausia.


“No es que cese la función de los testículos, sino que hay una disminución de su función, que entre otras cosas es producir las hormonas llamadas andrógenos y la producción de espermatozoides”, comentó el urólogo René Tiraboschi.


Cuando aparece esta etapa, conocida ahora como síndrome de Adam, los hombres pueden ir experimentando poco a poco síntomas, como cambios en la piel, caída del cabello, problemas para asimilar la glucosa, entre otros.


Problema de dos


Cuando la menopausia o el síndrome de Adam aparece, no sólo sufre quien los padece. Muchas veces, el esposo o la esposa no está al tanto de los cambios y síntomas de su pareja y puede sentirse incomprendido o incluso engañado.


“Durante la menopausia, muchas mujeres no sienten deseo sexual y por ello, los esposos pueden creer que ellas tienen otro hombre”, dijo la ginecóloga.


Además, por la falta de estrógeno, algunas mujeres sufren de falta de lubricación vaginal y de un adelgazamiento y “encogimiento” del tejido de la vagina. Como resultado, la vagina tiende a secarse, picar, sangrar e incluso puede contraer infecciones después de una relación sexual.


“En esta etapa, lo mejor es la comprensión de la pareja, que realicen muchos juegos sexuales, muchas caricias, besos... También se le puede recomendar a la paciente crema a base de estrógenos o un lubricante vaginal”, recomendó la experta.


En los hombres sucede algo parecido. Según Tiraboschi, el problema surge porque cuando la mujer ya ha controlado la menopausia, los síntomas del síndrome de Adam están instalándose poco a poco en el hombre.


Entre estos síntomas, la irritabilidad, la disminución en el deseo sexual y los problemas eréctiles pueden hacer pensar a la pareja que su esposo tiene otra mujer.


“La consulta de estos problemas deben ser en pareja, para que de esa manera ambos escuchen las explicaciones y exista comprensión”, comentó el urólogo.


Soluciones a su alcance


Tanto para la menopausia como para el síndrome de Adam existen soluciones que pueden mejorar la vida, incluso la sexual.


En el caso de los hombres, los inhibidores de fosfodiesterasa 5 (PDE 5) son muy buenos para combatir la disfunción eréctil.


Además, si los otros síntomas son muy fuertes, el médico considerará utilizar tratamientos de reemplazo hormonal. “Antes de iniciar el tratamiento, se deben realizar exámenes para descartar que exista cáncer”, comentó el urólogo. Esto se debe a si existe cáncer de próstata, mama, útero, etc, las terapias hormonales pueden volverlo agresivo.


Si los exámenes son negativos, el paciente podrá iniciar un tratamiento hormonal, que mejore su calidad de vida, todo ello bajo estricto seguimiento médico.



Hombres diferentes

Cuando un hombre experimenta el síndrome de Adam y su función hormonal se ve disminuida, su producción de espermatozoides disminuye también y empieza a sufrir de infertilidad.
Existe una redistribución de la grasa corporal.

Hay una disminución de la actividad intelectual, el hombre empieza a pensar menos, a olvidar las cosas.

Se altera la percepción de saciedad y comen más que lo normal, y como consecuencia aumentan de peso.

El cabello empieza a caerse.

El hombre va perdiendo paulatinamente el dominio de su función eréctil.

La falta de andrógenos unida a otras situaciones del entorno pueden volver a un hombre irritable.


Mujeres distintas

Cuando una mujer atraviesa la menopausia, y no hay producción de estrógenos, puede sufrir varios síntomas. La ginecóloga Elizabeth López de Fuentes explica algunos de ellos:
El climaterio o la menopausia incluye el final de la menstruación y marca así el final de la fertilidad femenina.

El 75 por ciento de las mujeres experimenta bochornos o calores, a pesar de encontrarse en un ambiente helado.

Hay mucha sudoración, especialmente en la cabeza, cuello, tórax y en la espalda.

Algunas mujeres presentan palpitaciones, vértigo o debilidad.

Algunas pacientes no pueden dormir bien debido a los bochornos nocturnos, de allí que las mujeres, al no dormir bien, se sientan molestas e irritables.

Aparecen problemas en las vías urinarias, pues los estrógenos conservaban el tejido de la vejiga y la uretra.

Algunas mujeres sufren de atrofia vaginal o falta de lubricación al momento de mantener relaciones sexuales.


http://www.laprensagrafica.com/vivir/85037.asp

 

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