En la paciencia esta el placer
Sting, el famoso y sexy cantante británico, dijo en una entrevista, tras el lanzamiento de su disco Sacred Loved, que podía hacer el amor durante ocho horas. ¿Cómo? Mediante la práctica del sexo tántrico. Pero los pragmáticos y poco románticos, los inmediatistas y consumistas, que son la mayoría de los occidentales, no pueden creer que un acto sexual en el que predomina el instinto pueda ser un medio para alcanzar el Nirvana. En Occidente existe la tendencia a simplificar el tantra y a asociarlo sólo como el legado de India en materia sexual, con la práctica sexual o el tantra rojo. "Esa es sólo una fracción de la práctica completa: de lo que se trata en el tantra es de sentir una expansión de la conciencia y una liberación de la energía", dice Erika, una seguidora del tantra de 26 años.
La palabra tantra viene de la raíz sánscrita tan, tejer o construir, y se utiliza en el sentido de tejer o construir la propia conciencia. "Es un sistema de vida y una disciplina filosófica según la cual, para conectarse con el espíritu, es necesario escuchar al cuerpo", explica el siquiatra Félix Cantoni. El tantra es la madre de la cultura de India y es más que una práctica del sexo. Según Pierre Bédard, autor de Los tres pilares del tantra, "de la misma forma en que los masones y los rosacruces quisieron restablecer una tradición esotérica que el cristianismo había perdido, el tantra, que es muy anterior al budismo, es el restablecimiento de las fuentes esotéricas de India y es también la fuente esotérica del budismo".
Sin embargo, el hinduismo tiene opiniones divergentes en relación con la práctica sexual para aumentar la energía espiritual. Mientras las antiguas enseñanzas dravídicas tántricas proponen la obtención de la libertad a través del sexo, las corrientes del yoga influidas por los arios incorporan el celibato como clave exclusiva para la realización. Por eso, éstas comenzaron a evitar la eyaculación a través del celibato, mientras el tantra prefirió la relación de pareja y el intercambio de energías sutiles o pránicas entre el hombre y la mujer. "El tantra nos enseña a utilizar los sentidos en beneficio del desarrollo espiritual", explica Bédard.
Para la práctica tántrica, el sexo se hace con espíritu, con alma, se unen mente y respiración tanto en los preámbulos del coito como en la consumación de la relación, y el semen o bindú es considerado fuente de vida y de energía vital. Una visión que explica por qué se ha popularizado en Occidente el Kamasutra, un texto para la realización del kama o placer, y por lo tanto, de la satisfacción erótica, y que, contrario a la creencia general, no es pornografía. Por eso hay Kamasutra en varias versiones y para todos los gustos, con fotografías o con dibujos, para heterosexuales, para gays o para lesbianas. Es como un tratado de sexología moderna que explica los juegos amorosos para conocer a la pareja y para disfrutar del acto sexual en forma plena.
Ritual no orgásmico
Según Bédard, "el sexo es una herramienta muy útil para el tantrismo, pero se debe tener presente que es un recurso de la conciencia, un recurso muy importante para la iluminación". Y aunque algunos sostienen que la iluminación se da cuando se consigue retener la eyaculación durante el acto sexual, Bédard asegura que si eso fuera cierto, "todas las mujeres que tienen relaciones sexuales estarían iluminadas porque ninguna eyacula como el hombre".
La práctica del tantra es un ritual no orgásmico. "La gente confunde las cosas y cree que orgasmo y eyaculación son lo mismo, pero es lo contrario –dice Laura, de 28 años–. Con el control de los estímulos es posible lograr orgasmos múltiples durante el acto sexual, pero sin eyaculación". Y es que el objetivo del tantra es no derrochar energía, sino guardarla para que la pareja pueda llenarse de ella durante el acto. Derrochar semen es perder semillas que han de ser usadas para la reproducción. "Los hombres tienen eyaculaciones y no orgasmos –explica Cantoni–. Por eso se pierde esa energía y se pudre al salir del cuerpo".
El sexo tántrico no es acrobacia sexual, sino un estado íntimo de la posesión erótica, cuyo sentido es un prolongado éxtasis mental y corporal. Todos los hombres pueden, con la práctica y la complicidad de su pareja, permanecer cada vez más tiempo en equilibrio en el filo de la navaja. El Kamasutra da eso por supuesto y, por eso, las largas secuencias de caricias y posturas que recomienda tienen por objeto crear un estado prolongado de deleite. En los niveles más altos del erotismo indio, el orgasmo se vuelve un incentivo del estado de continuo e intenso placer físico y emocional de la pareja. Claro está que aplicarlo exige conocimiento del cuerpo, control de las pulsiones y estímulos y, sobre todo, calma y paciencia, control mental, virtudes de las que carecen quienes se han acostumbrado al ritual del quickie. Cambiar de chip y volver la cara a Oriente no es fácil y mucho menos en sociedades como las occidentales, en la cuales el sexo es un producto más de consumo. Pero no es imposible.
La palabra tantra viene de la raíz sánscrita tan, tejer o construir, y se utiliza en el sentido de tejer o construir la propia conciencia. "Es un sistema de vida y una disciplina filosófica según la cual, para conectarse con el espíritu, es necesario escuchar al cuerpo", explica el siquiatra Félix Cantoni. El tantra es la madre de la cultura de India y es más que una práctica del sexo. Según Pierre Bédard, autor de Los tres pilares del tantra, "de la misma forma en que los masones y los rosacruces quisieron restablecer una tradición esotérica que el cristianismo había perdido, el tantra, que es muy anterior al budismo, es el restablecimiento de las fuentes esotéricas de India y es también la fuente esotérica del budismo".
Sin embargo, el hinduismo tiene opiniones divergentes en relación con la práctica sexual para aumentar la energía espiritual. Mientras las antiguas enseñanzas dravídicas tántricas proponen la obtención de la libertad a través del sexo, las corrientes del yoga influidas por los arios incorporan el celibato como clave exclusiva para la realización. Por eso, éstas comenzaron a evitar la eyaculación a través del celibato, mientras el tantra prefirió la relación de pareja y el intercambio de energías sutiles o pránicas entre el hombre y la mujer. "El tantra nos enseña a utilizar los sentidos en beneficio del desarrollo espiritual", explica Bédard.
Para la práctica tántrica, el sexo se hace con espíritu, con alma, se unen mente y respiración tanto en los preámbulos del coito como en la consumación de la relación, y el semen o bindú es considerado fuente de vida y de energía vital. Una visión que explica por qué se ha popularizado en Occidente el Kamasutra, un texto para la realización del kama o placer, y por lo tanto, de la satisfacción erótica, y que, contrario a la creencia general, no es pornografía. Por eso hay Kamasutra en varias versiones y para todos los gustos, con fotografías o con dibujos, para heterosexuales, para gays o para lesbianas. Es como un tratado de sexología moderna que explica los juegos amorosos para conocer a la pareja y para disfrutar del acto sexual en forma plena.
Ritual no orgásmico
Según Bédard, "el sexo es una herramienta muy útil para el tantrismo, pero se debe tener presente que es un recurso de la conciencia, un recurso muy importante para la iluminación". Y aunque algunos sostienen que la iluminación se da cuando se consigue retener la eyaculación durante el acto sexual, Bédard asegura que si eso fuera cierto, "todas las mujeres que tienen relaciones sexuales estarían iluminadas porque ninguna eyacula como el hombre".
La práctica del tantra es un ritual no orgásmico. "La gente confunde las cosas y cree que orgasmo y eyaculación son lo mismo, pero es lo contrario –dice Laura, de 28 años–. Con el control de los estímulos es posible lograr orgasmos múltiples durante el acto sexual, pero sin eyaculación". Y es que el objetivo del tantra es no derrochar energía, sino guardarla para que la pareja pueda llenarse de ella durante el acto. Derrochar semen es perder semillas que han de ser usadas para la reproducción. "Los hombres tienen eyaculaciones y no orgasmos –explica Cantoni–. Por eso se pierde esa energía y se pudre al salir del cuerpo".
El sexo tántrico no es acrobacia sexual, sino un estado íntimo de la posesión erótica, cuyo sentido es un prolongado éxtasis mental y corporal. Todos los hombres pueden, con la práctica y la complicidad de su pareja, permanecer cada vez más tiempo en equilibrio en el filo de la navaja. El Kamasutra da eso por supuesto y, por eso, las largas secuencias de caricias y posturas que recomienda tienen por objeto crear un estado prolongado de deleite. En los niveles más altos del erotismo indio, el orgasmo se vuelve un incentivo del estado de continuo e intenso placer físico y emocional de la pareja. Claro está que aplicarlo exige conocimiento del cuerpo, control de las pulsiones y estímulos y, sobre todo, calma y paciencia, control mental, virtudes de las que carecen quienes se han acostumbrado al ritual del quickie. Cambiar de chip y volver la cara a Oriente no es fácil y mucho menos en sociedades como las occidentales, en la cuales el sexo es un producto más de consumo. Pero no es imposible.
Cómo prolongar el placer
Menos, mejor. El primer paso es no practicar mucho sexo. Los seguidores recomiendan hacer el amor una sola vez al mes para acumular energía sexual. La abstinencia logra increíbles resultados
Crear un ambiente propicio. Iluminar la habitación con velas blancas y perfumadas, tener flores frescas y usar aceites y bálsamos para hacer masajes. Poner música suave y tener frutas y agua para los momentos de "descanso". Desconectar el teléfono.
Dejarse llevar por el ritmo de la respiración. Las palabras sobran, el ritmo lo lleva la respiración. La pareja debe estar sentada frente a frente y respirar en forma pausada y sincronizada: si ella exhala, él inhala, porque la idea es que cada uno respire el aire del otro.
Las caricias. Masajear a la pareja con movimientos lentos y suaves: circulares primero y luego de arriba hacia abajo por todo el cuerpo, pero absteniéndose de pecho y genitales que se reservan para el final. Cada sesión debe ser de 15 minutos.
El beso del deseo. Recostados uno junto al otro se miran a los ojos y se besan sin tocarse. Deben seguir el ritmo de la respiración.
Más cerca. La pareja debe mirarse fijamente y besarse la piel. Poco a poco y sin apresurarse van llegando a los genitales con suavidad y dulzura.
Penetración tántrica. Descansar de nuevo y seguir respirando en forma pausada, preparándose para una penetración distinta a la conocida. La penetración es un paso más del acercamiento de los cuerpos, no una meta, y por eso la primera etapa debe ser estática. Al poco tiempo, la vagina se relaja por completo y comienza a moverse rítmicamente, y el pene, que también tiene su propia autonomía, se mueve como absorbido por la vagina. Este paso dura por lo menos 30 minutos.
Posponer el orgasmo. Si la erección es muy fuerte y se acerca la eyaculación, volver a los ejercicios de respiración y a las caricias suaves. El hombre también puede apretar con dos dedos la zona del perineo –entre el escroto y el ano– para evitar la eyaculación. Después de dos o tres horas de caricias tántricas, los cuerpos estarán sumidos en el punto más alto de excitación y se sentirán uno solo.
Para ella
El control de la vagina o yoni puede ser un arma de seducción femenina, pero la mayoría de las mujeres occidentales no lo sabe.
Toda mujer, no importa la edad, puede fortalecer y controlar sus músculos vaginales.
Un ejercicio: Sentada o acostada, la mujer debe tomar conciencia de la región anal, respirar con calma y, después de un minuto, cuando la tenga interiorizada, contraer primero con suavidad el esfínter anal, y luego, apretando un poco más, contraer el segundo anillo muscular. Por último, debe contraer y atraer los dos esfínteres anales hacia el interior y hacia arriba en forma lenta y gradual.
Repetir el proceso cinco veces seguidas como mínimo. El ejercicio se puede realizar fuera del contacto sexual con un objeto cilíndrico apropiado. La duración debe ser de tres minutos y es importante la regularidad: una pequeña dosis diaria vale más que largas sesiones esporádicas.
Para él
Para el tantra, el orgasmo no es sinónimo de eyaculación y por eso el hombre "normal" se desconcierta cuando le dicen que al menos 90% de los hombres desconocen el orgasmo. Como la eyaculación y los segundos que la preceden son el clímax de su experiencia sexual, están convencidos de que eso es el orgasmo masculino.
La eyaculación aleja al hombre del orgasmo verdadero, del éxtasis sexual que lleva a niveles de conciencia superiores. Frena en seco la experiencia de la pareja y por eso si, como dicen, el 90% de las mujeres no llega al orgasmo, es porque el 85% de los hombres son eyaculadores precoces.
La solución tántrica es prolongar la etapa última, la más intensa, inhibir el espasmo para permanecer indefinidamente en el punto límite, el que da acceso al "paraíso sexual cerebral". Ese es el verdadero orgasmo masculino. La experiencia de la pareja ya no está limitada ni es interrumpida por el desfallecimiento del hombre.
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