Salud y Sexualidad *

domingo, septiembre 03, 2006

La conflictiva educación sexual

Cada vez que se intenta avanzar en materia de educación sexual en las escuelas se produce un retroceso muy negativo, porque en vez de enfrentar todo un gravísimo problema de ignorancia sobre el sexo mismo y las enfermedades transmisibles de trágicas proyecciones que azotan al mundo minuto a minuto, se origina un intercambio de posiciones que nunca intentaron encontrarse y que con estas malas experiencias nuevas jamás se encontrarán. La consecuencia tendrá el peso de la culpa para muchos porque los chicos y los adolescentes carecerán de la orientación ética, moral y pedagógica que necesitan, y quedarán a merced de la experiencia que les brindará la calle, los ambientes menos recomendables, las compañías desprejuiciadas o con oscuros objetivos. Se discute en 2005 con el mismo sabor que hace medio siglo o más en la escuela pública y también en la privada, con un infructuoso enfrentamiento de la Iglesia con las autoridades escolares. Ocurre que el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, denunció que la política del Estado bonaerense sólo promueve la corrupción sexual entre los jóvenes al enterarse de cómo se había desarrollado un programa de educación sexual en escuelas donde chicos y adolescentes recibieron preservativos y medicamentos anticonceptivos, con los cuales llegaron a sus hogares, lo que produjo el lógico rechazo de los padres. Mario Oporto, director de enseñanza y cultura de Buenos Aires, salió al encuentro de la expresiones del arzobispo, suscitándose un cambio de opiniones que poco ayuda al fondo de la cuestión, que es que hoy no se puede ignorar cosas elementales sobre la sexualidad, lo que no significa desarrollar una cultura sexual en las escuelas.

Estamos ante dos antiguas posiciones muy duras que, por contradicción, terminan por dañar a quienes las partes en pugna tratan de defender. Al educador le consta que no puede demorarse por más tiempo un tratamiento a fondo del tema porque la juventud misma ha cambiado, así como la vida íntima en los hogares por el deficiente funcionamiento de la familia como institución al ser vulnerable todo ello por la influencia de la calle, los lugares adonde los jóvenes concurren a divertirse, los espectáculos públicos y la televisión promiscua que entra en las casas sin pedir permiso. Por otro lado, la Iglesia acierta en criticar la metodología de la enseñanza de lo que el jovencito está preparado para aprender sobre sexo, creyéndose que la distribución masiva de preservativos tiene el mismo efecto que una distribución masiva de dentífrico en una campaña contra las caries. El tratamiento de una problemática tan sensible debe estar en manos de educadores y médicos sexólogos o psicólogos, o asistentes sociales capacitados y que interpreten el fondo docente que se requiere, lo que es muy difícil de lograr y dominar, es cierto, pero nunca imposible si se resguardan las líneas de comunicación con el alumno respetando sus niveles de entendimiento del tema. Se carece, y éste sería el nudo del conflicto, de un prolijo programa informativo que deje al destinatario enriquecido por lo que se entera y no comprometido en una discusión sectorial cuyos protagonistas deberían conformar un sólido y consensuado plan de acción para que la educación sexual no siga siendo en nuestra sociedad un tema tabú del que es mejor no decir nada.

http://www.laprensa.com.ar/



Saludos Cordiales

Enviado por Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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