Salud y Sexualidad *

domingo, febrero 19, 2006

Relaciones amorosas crean dependencia similar al abuso de dorgas

Una mujer maltratada por su marido y que, pese a ello, no rompe la relación puede que sufra una dependencia parecida a la que crean los estupefacientes, generada por sustancias neurotransmisoras que se generan en su cerebro cuando está junto a su pareja y cuya ausencia le provoca síndrome de abstinencia.

Esta dependencia 'sentimental' será objeto de estudio en las Jornadas sobre Dependencias Sentimentales que el director gerente del organismo autónomo municipal Madrid Salud, José Manuel Torrecilla, inaugurará mañana en el Círculo de Bellas Artes, organizadas por la Fundación Espiral.

Según Torrecilla, la dependencia no siempre es patológica, ya que 'para que podamos considerar una dependencia objeto de tratamiento tiene que causar daños al individuo' que la padece'.

'El amor puede causar dependencia, como las sustancias químicas, pero si no causa daños, es un proceso normal', dijo a Efe. 'En el amor hay implicadas unas sustancias neurotransmisoras implicadas también en las dependencias de drogas de abuso'.

Cuando se está enamorado, como cuando se consumen drogas de abuso, el cerebro genera sustancias como la serotonina y las endorfinas: 'Estas últimas, precisamente, también ejercen su acción sobre receptores opiáceos', agregó Torrecilla, 'por lo tanto, ante el desamor, aparece el síndrome de abstinencia'.

Las 'identidades neuroquímicas claras' entre las dependencias de la heroína u otras drogas y las dependencias sentimentales son las que han llevado a la fundación Espiral a organizar estas jornadas: 'Nos permitirán abordar desde un punto de vista multidisciplinar estas situaciones para darles tratamiento cuando son patológicas'.

El síndrome de abstinencia cuando se rompe una relación sentimental es algo 'normal, fisiológico', según Torrecilla; 'el problema patológico surge, por ejemplo, con el maltrato: el ejemplo es el de la mujer que no puede romper con la pareja que le pega'.

'En el maltratador, además de una dependencia que puede haber o no, existe una concepción psicopatológica, de propiedad, sobre la mujer; la mera dependencia no es criminal, sólo perjudica al individuo que la padece'.

Pero una pareja puede permanecer unida durante décadas: es el apego: 'el apego es la fase que viene después del enamoramiento y genera los mismos neurotransmisores que la pasión, pero en menores dosis'.

Y su ausencia también provoca síndrome de abstinencia: 'Entonces nos procuramos un objeto, una foto, algo que nos recuerda al objeto amoroso real, y segregamos las mismas sustancias, pero atenuadas', añadió.

Otra dependencia sentimental es la que sienten mutuamente padres e hijos: 'Es un mecanismo útil para la especie, es un instinto de proteger a nuestros hijos a veces hasta agobiarles, pero no es un fenómeno que tenga aristas para limar: es natural, positivo e incluso cohesiona a la sociedad', afirmó Torrecilla.

Esta dependencia 'tiene una mediación hormonal parecida a la del enamoramiento, con base genética y neuroquímica: no sólo nos gustan nuestros niños, sino que sentimos ternura hacia cualquier niño e, incluso, hacia los cachorros de otras especies'.

De hecho, entre no pocos dueños y sus mascotas se crea una dependencia similar que, según Torrecilla, 'también tiene seguramente una base genética, no en vano hemos convivido con ellos miles de años'.

Dependencias por los objetos sí pueden ser patológicas, como en aquellos casos en que las personas dependen de amuletos y no se pueden separar de ellos, algo que se da en algunos casos de trastornos neuróticos, fenómeno distinto del de la dependencia sentimental, y del apego que muchos niños tienen hacia un objeto familiar que llevan a la guardería para sentirse como en casa.

Para superar el 'síndrome de abstinencia', según Torrecilla, 'hay fármacos' porque al final, como se ve, 'somos química', pero 'no es bueno estimular esta medicalización de la vida; hay que aprender a superar la frustración y dejar de pensar en situaciones normales de la vida como procesos patológicos'.
http://actualidad.terra.es/


Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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Protéjase de las enfermedades sexuales

Las enfermedades transmitidas sexualmente continúan siendo un gran problema de salud en Estados Unidos. El Centro de Control Para la Prevención de Enfermedades de la nación (CDC, siglas en inglés) estima que, aún cuando se ha obtenido un progreso substancial en prevenir, diagnosticar y tratar estas enfermedades, ocurren alrededor de 19 millones nuevas infecciones cada año-y alrededor de la mitad de éstas en jovenes entre las edades de 15 y 24 años.
Además de las consecuencias físicas y sicológicas de las enfermedades de transmisión sexual, el impacto económico es enorme. Según los datos que se reportaron en la Conferencia Nacional de Prevención de STD (siglas en inglés para las enfermedades que se transmiten sexualmente) celebrada en Philadelphia el año pasado, los gastos médicos directos de estas enfermedades se calculan en alrededor de $13 mil millones anualmente. Y ésto sin contar los miles de casos que pasan sin ser diagnosticados.

Dentro de las enfermedades de transmisión sexual más comunes se encuentran: sífilis, gonorrea, SIDA, Clamydia trachomatis.

Durante la década de los `90, los casos de sífilis se habian reducido, sin embargo en los últimos cuatro años los casos de esta enfermedad han ido en aumento nuevamente. Entre el 2003 y el 2004 la tasa nacional de casos de sífilis aumentó en un 8%. En la ciudad de Nueva York se ha mantendido en un 7%.

Sífilis es una enfermedad genital ulcerativa, altamente infecciosa, pero fácil de curar en sus primeras etapas (1ra y 2da). De no tratarse puede tener como consecuencia complicaciones serias como daño cardiovascular, daño en el sistema nervioso, en los órganos y hasta la muerte.

Por su parte, Chlamydia, una infección bacterial que se puede curar fácilmente con antibióticos, es usualmente asintomática. Aún así es la enfermedad infecciosa que más se reporta en EE.UU. Según las estadísticas del CDC, en el 2004 se reportaron 929,462 diagnósticos de chlamydia, lo que significa un aumento de la cifra del 2003 cuando se informaron 877,478 casos. Pero se estima que hay apróximadamente 2.8 millones de casos nuevos de esta enfermedad en este país que pasan sin ser diagnósticados.

Chlamydia tiene un impacto fuerte en las mujeres, especialmente en las jóvenes. De no ser tratada, esta enfermedad puede causar inflamación en la pelvis, embarazos ectópicos e infertilidad.

Por su parte, la gonorrea, es una infección bacterial causada por la bacteria Neisseria gonorrhea. En los hombres la gonorrea que no recibe tratamiento, puede causar “epididymitis” una condición dolorosa en los testículos que puede resultar en infertilidad.

Herpes es otra enfermedad de transmisión sexual. Hay dos tipos de virus del herpes, tipo 1 y tipo 2. El tipo 1 crece generalmente de la cintura hacia arriba. Causa dolores o da las ampollas de fiebre. El tipo 2 ocurre más a menudo de la cintura hacia abajo y causa herpes genital. Cualquiera de los dos virus puede ser transmitido a través de sexo oral. El herpes genital produce comúnmente dolores en y alrededor del área vaginal, en el pene, alrededor de la abertura anal y en las nalgas o los muslos.

Quizás la enfermedad de la que usted más ha oído es el SIDA. La mayoría de las personas con el virus del SIDA pasan un tiempo prolongado sin síntomas, pero la reproducción viral está activa durante todas las etapas de la infección. Un diagnóstico temprano del SIDA es importante ya que con tratamiento a tiempo se puede disminuir la aceleración en el declive del sistema inmunológico. Esto es relevante ya que debido a sus efectos en el sistema inmunológico, este virus afecta el diagnóstico, evaluación y tratamiento de muchas otras enfermedades. Además, un diagnóstico temprano del SIDA ayuda a los proveedores de tratamiento a brindar servicios de apoyo y ayuda en prevenir la transmisión del virus a otras personas.

Sabemos que la forma más efectiva de evitar contraer o transmitir enfermedades de transmisión sexual es la abstinencia, o permanecer en una relación mutuamente monógama con una pareja no infectada. Pero, de ésta no ser una posibilidad para usted, protéjase. Use algún método de protección sexual. Consulte a su médico, visite cualquiera de nuestras facilidades médicas y solicite información sobre este tema. Infórmese, proteja su salud y la de sus allegados.

http://www.eldiariony.com


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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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Los jóvenes sí tienen conciencia sobre los anticonceptivos, ''pero falta información''

A contracorriente de opiniones generalizadas de que entre los jóvenes contemporáneos existe mayor actividad sexual que en generaciones anteriores y que inclusive hablan de una especie de ''revolución sexual", la sexóloga y comunicadora Anabel Ochoa comenta:

''Yo no me lo creo. Y ya sé que estoy en contra de todas las investigaciones, de las que más bien habría que ver quién las hace, qué preguntan y a quiénes. Los que responden las encuestas son los hipersexuales; los que son quintito, no. Se cometen errores científicos gravísimos dando la actividad sexual de una población que es falsa. Por eso no hay mejor método para una muestra que el azar."

Ochoa reconoce en entrevista que ella tampoco ha hecho una investigación y, basada en su amplia experiencia de divulgación y apoyo, agrega:

''Me huele a que no hay ni precocidad ni hiperactividad sexual con respecto a otros tiempos. Se habla más, es más obvio, circula entre nosotros en el lenguaje. Pero la gente ha cogido como animales desde edad temprana, en silencio. Ha habido más promiscuidad y más precocidad sexual en otros tiempos. Y cuanto más primitiva es una cultura, más cogelona como chango es.

''En todo caso, creo que las cosas están más asentadas que nunca, que ahora por primera vez en la historia una chava puede decir quiero o no quiero. Y un chavo también se lo empieza a pensar dos veces, porque ya no está obligado como antes: imbuido por el concepto del machismo de que tenía que cogerse al mayor número de mujeres para valorar su masculinidad. Entonces, claro que hay sexo, pero yo, y es una apreciación subjetiva, no creo que haya más."

Lo anterior viene a cuento porque Anabel Ochoa acaba de publicar un nuevo libro: Los anticonceptivos explicados a los jóvenes (Aguilar), el cual presentará en la próxima Feria del Libro de Minería y que, señala, también ha sido necesario recomendar a cada vez más adultos para que se informen de manera sencilla qué son los anticonceptivos, sus ventajas e inconvenientes.

''Es un libro que hay que tener a la mano para resolver mil dudas. Hay diferencias importantes entre éste y otros libros, en los que llevo a cabo un desarrollo casi ideológico respecto a temas sexuales. Si bien no abandono eso, este nuevo volumen es fundamentalmente una guía de anticonceptivos."

Rumores demenciales

Anabel Ochoa se percató de que en el mercado editorial no hay una sola guía. "No hay dónde consultar. Son cosas parciales, interesadas, facciosas, mentirosas, bien porque sean de grupos ultraconservadores que plantean que la píldora te mata o te deja estéril, o bien porque sean de un laboratorio que dice fabricar un anticonceptivo que es la séptima maravilla y no tiene contraefectos. También ha habido intentos de compendio, pero son muy viejos y no están actualizados."

Comenta sobre el panorama que la motivó a escribir esta guía. ''Los jóvenes no tienen ni la menor idea de los anticonceptivos, aunque la generación anterior sabe menos todavía," Y pondera:

"A mí no me cabe duda de que los jóvenes tienen conciencia anticonceptiva. Pero es que una sociedad no cambia de la noche a la mañana, por mucho que empecemos a hablar del sexo, el condón y el contagio. El paso siguiente es la piedra en la que tropiezan: ¿y dónde me informo? Pues en ninguna parte. Por eso el libro.

"Yo ya no me siento abocada a convencer al mundo de que existe la planificación familiar. Ya pasó esa época. Sí, existen sitios donde todavía hay que seguir hablando, pero las nuevas generaciones dicen: bien, utilicemos anticonceptivos, pero no saben cuáles."

Destaca problemas en esa falta de información. "Los rumores que corren acerca de las cosas son demenciales. Por ejemplo, todo lo que se ha hablado de la píldora de emergencia, y nadie sabe utilizarla. Rara vez encuentro a alguien que se la haya tomado bien. El milagro es que no haya más niños por todos lados, que no estemos llenos de hijos de violadores."

Aparte de la larga lista de anticonceptivos comentados, Anabel Ochoa presenta respuestas concretas a problemas cotidianos, como cuando alguien olvidó tomar la pastilla un día. ''Por eso digo que es un libro de cabecera."

http://www.jornada.unam.mx

 

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Los 12 pasos para detectar a un adicto al sexo

El actor Michael Douglas debió internarse a causa de un desorden en su vida sexual, que es sufrido por muchas personas.

Cuando el sexo y el amor se convierten en una obsesión que afecta todos los aspectos de la vida, pueden dejar de ser las cosas más gratificantes de la vida.

Adictos Anónimos al Sexo y al Amor es un grupo creado sobre la base del programa de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos. Se trata de una comunidad compuesta por un grupo, donde se encuentran personas de todas las condiciones, edades y profesiones.

En sus 25 años de vida, la institución ayuda a las personas a recuperarse de su adicción al sexo y al amor.

"Volví a ser una persona", aseguran algunos de sus miembros, quienes aseguran que después de años de permanecer como miembro de este programa ya no se ocultan y pueden “ser más abierto y sensible".

Desde otro grupo de recuperación, Sexahólicos Anónimos, observan que a veces los hijos de familias quebradas, que viven en ambientes muy complejos, pueden llegar a ser adultos a los que les cuesta distinguir qué es aceptable y qué no.

Y el problema puede empeorarse por la gran cantidad de imágenes sexuales que emiten hoy en día los medios de comunicación.

Algunas de las características que suelen sentir estas personas es tener múltiples parejas para el sexo, y, en última instancia, obsesionarse por una mujer/hombre emocionalmente inaccesible para ellos.

Otros aseguran masturbarse con frecuencia (a veces tanto como cuatro o cinco veces por día), tener fantasías inadecuadas, aventuras extramaritales, visitar continuamente sitios pornográficos en Internet, o lastimarse sexualmente con diversos objetos.

Al igual que sucede con las investigaciones sobre cómo la gente se hace adicta a las drogas, los expertos afirman que aún no se conocen las causas que originan los problemas relacionados con el sexo.

Si bien no está claro cómo incluir a la adicción sexual dentro de las enfermedades mentales, muchos especialistas prefieren llamar a este desorden "problemática de hipersexualidad" antes que "adicción al sexo".

Asimismo, señalan que muchos de los problemas en los cuales el cerebro se obsesiona con una determinada actividad –sea sexo, drogas, o alcohol- tienden a ocurrir conjuntamente.

Los investigadores se encuentran actualmente estudiando medicaciones que podrían ayudar a tratar esta adicción al amor y al sexo. Para el primer momento, se emplea la psicoterapia y todas las técnicas usualmente instrumentadas para tratar otras adicciones, pensamientos, o acciones sexuales que pueden interferir con la vida normal de una persona. Esto puede implicar prescribir medicamentos para tratar los problemas que van junto con estas situaciones, como la depresión o la ansiedad.

El programa de doce pasos se implementa junto con reuniones en donde se comparten historias que proporcionan una cierta tranquilidad frente a las preocupaciones. La idea es que hay muchas personas que están intentando solucionar los mismos tipos de problemas.

Sepa si necesita ayuda

En su página de Internet, el grupo de Compulsivos Sexuales Anónimos tiene una lista que incluye algunas características en común que poseen sus miembros:

• Utilizan el sexo compulsivo como droga, para escaparse de las sensaciones de ansiedad, soledad, enojo, y odio a sí mismo, así como para sentir alegría.

• Se inmovilizan por obsesiones románticas. Durante el lapso en el que se vuelven adictos al sexo y al amor, descuidan sus vidas.

• Intentan traer intensidad y entusiasmo a sus vidas a través del sexo, pero se sienten cada vez más vacíos.

• Incluso cuando consiguen el amor de otra persona, nunca les parece bastante, y no pueden frenar su atracción sexual por otras personas.

• Intentan encubrir sus demandas de dependencia, estando cada vez más aislados de sí mismos, de sus valores, y de la misma gente de la que desean estar cerca.

Un autocuestionario clave

• ¿Intentó controlar siempre cuánto sexo tener, o con qué periodicidad vería a alguien?

• ¿Está siempre dispuesto para el sexo y/o el romance? ¿Sus fantasías se estrellan con la realidad?

• ¿Cree que el sexo y/o una relación harán su vida más soportable?

• ¿Perdió la cuenta del número de parejas sexuales que tuvo en su vida?

• ¿Tuvo o tiene una relación seria que está amenazada o ya se destruyó debido a un affaire?

• ¿Le cuesta concentrarse en otras cuestiones de su vida, debido a pensamientos o sensaciones sobre otra persona o sobre el sexo?

Si la respuesta a la mayoría de las preguntas es afirmativa, debería reconsiderar su situación, para lo que comenzar por ver a un especialista, sería un buen comienzo.
http://www.infobae.com/
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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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domingo, febrero 12, 2006

El sexo tranquiliza antes de hablar en público

Si usted tiene que hablar en público, una receta para que el estrés no lo paralice es muy simple: antes del acto haga el amor. Pero asegúrese de que el sexo incluya penetración, porque la magia se desvanece si se procuran otras formas de gratificación sexual.

Stuart Brody, psicólogo de la Universidad de Paisley, en Escocia, estudió a 24 mujeres y 22 hombres a quienes se pidió llevar un registro de sus relaciones sexuales durante dos semanas.

Luego comparó el impacto de las distintas actividades sexuales sobre la presión sanguínea durante experiencias de estrés agudo, como la que se experimenta al hablar en público, que al menos en Estados Unidos es identificada como el evento personal más estresante.

Los participantes registraron su actividad sexual detallando si era intercurso con penetración, masturbación u otra actividad de pareja que no incluyera coito.

Luego se les expuso a una prueba de estrés que comprendía hablar en público y hacer aritmética mental en voz alta.

Según los datos del estudio, los voluntarios que tuvieron sexo con penetración tuvieron menos estrés y su presión sanguínea volvió a los niveles normales más claramente que quienes sólo habían probado otros tipos de satisfacción sexual.

Abstinencia, igual a estrés

Los niveles más altos de estrés los tuvieron quienes se abstuvieron de tener sexo, indica el reporte que fue publicado en la revista Biological Psychology.

Brody también registró entre los voluntarios otras variables psicológicas para evaluar el nivel de neuroticismo y ansiedad, el estrés laboral y la satisfacción con la pareja.

Pero incluso considerando estos factores, las diferencias en comportamiento sexual fueron el mejor indicador de las variantes en las respuestas al estrés.

“Los efectos no se pueden atribuir simplemente al alivio de corto plazo que permite el orgasmo, puesto que duran al menos una semana”, dijo Brody.

Una posibilidad que apuntó el psicólogo es que la liberación de la hormona oxitocina, de la que dijo estrecha los lazos entre la pareja, podría dar cuenta del efecto calmante del sexo.

http://www.milenio.com


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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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martes, febrero 07, 2006

Sobre la homosexualidad y sus posibles causas

Aunque me parece algo exagerada la tesis freudiana de que el impulso sexual es la base de toda acción constructiva, no se puede negar que el ser humano es un animal sexual. Ya en el primer instante de la concepción el sexo es protagonista: la atracción sexual primigenia de los progenitores se ve reflejada en la posterior atracción de un espermatozoide concreto hacia un óvulo femenino. El largo recorrido del hombre como ser sexuado comienza, pues, antes de ser concebido, y no terminará hasta su muerte. El niño cuando nace tiene una identidad sexual cromosómica que, según Freud, «no incluye la conexión de su instinto sexual con un objeto sexual predeterminado biológicamente». Es evidente que será su entorno inmediato el que se encargará de trazarle el camino de su identidad sexual, de acuerdo con los patrones ya establecidos en la concreta cultura a la que pertenezca el niño. Está claro, pues, que, aunque el sexo determina los aspectos biológicos de ser hombre o mujer, cada cultura tiene una serie de expectativas sobre cómo deben pensar, actuar o sentir ellos y ellas. Los padres, en general, no escatimarán esfuerzos para que el sexo psicológico de su hijo coincida con su sexo biológico. En cuanto el bebé pone los pies en el mundo, su familia se apresurará a vestirlo con ropa del color que le corresponde a su sexo y lo rodeará de juguetes adecuados a su género personal. Esta labor concienciadora de la identidad sexual psicológica del futuro hombre o mujer será infatigable hasta que el niño sobrepase la adolescencia, cuando ya parece quedar clara la coherencia entre su genotipo y su fenotipo sexual, puesto que, para entonces, habrá interiorizado éste los esquemas estereotipados de lo que ser hombre o mujer sea. Por ello, a los padres les saltarían todas las alarmas si, al entrar con su hijo varón en una tienda de juguetes, a éste se le antojara y se emperrara en que le compraran una muñeca Barbie. Con las niñas, sin embargo, hay una cierta flexibilidad, pero sólo hasta cierto punto. Este tipo de alteraciones, conocidas como trastornos de identidad de género (TIG), están magníficamente tratadas en dos películas estremecedoras basadas en casos reales: Ma vie en rose (Mi vida en rosa, 1997), que relata la historia de un niño cuyo intenso deseo de ser niña le causa una gran angustia a su familia, y Boys don't cry (Los chicos no lloran, 1999), basada en el documental The Brandon Teena story (La historia de Brandon Teena, 1998), que narra la vida de una niña, Teena Brandon, que adoptó la personalidad de un niño, Brandon Teena, se hizo «novio» de una chica, Lana Tisdel, y cuando los amigos de ésta descubrieron que Brandon era biológicamente mujer, montaron en cólera y la asesinaron brutalmente.

Antes de intentar enumerar las posibles causas de la homosexualidad, es conveniente elaborar una definición de esta condición sexual humana que abarque todas sus variantes. Podría decirse que son homosexuales aquellas personas que, sufriendo o no un trastorno de identidad de género, se sienten atraídas romántica o eróticamente (de un modo efectivo o frustrado) por personas de su propio sexo biológico o de su mismo género psicológico sexual, independientemente de las posibles proyecciones de futuro que puedan tener hacia dichas personas. La homosexualidad tiene, por tanto, diversas variantes y dentro de dichas variantes caben distintos matices.

La homosexualidad, según parece, existe en casi todas las especies de los mamíferos, y, según Gregorio Marañón, «es preciso admitir que, puesto que la intersexualidad orgánica es tan frecuente, la mayoría de los seres humanos, probablemente todos, tendrían una aptitud primaria para la homosexualidad, que luego se desarrollaría o no». Esta sorprendente afirmación de nuestro afamado médico queda suavizada por lo que había dicho unas líneas antes: «A pesar de que algunos autores han llegado a afirmar que las sexualidades puras son enteramente míticas, el homosexualismo es (?) un hecho relativamente raro en la especie humana».

Parece bastante probable que la homosexualidad puede estar irreversiblemente establecida en los seres humanos antes de los cinco años, edad en la que el niño ha superado ya las etapas de la formación de su carácter y de su estructura mental. Según Freud, la homosexualidad «puede no haber aparecido hasta un determinado momento, anterior o posterior a la pubertad. Asimismo», añade, «puede conservarse durante toda la vida, desaparecer temporalmente, no representar sino un episodio en el curso del desarrollo normal y hasta manifestarse en un estado avanzado de la existencia del sujeto, después de un largo período de actividad sexual normal».

Aunque los innumerables estudios de campo sobre las diferentes variantes de la homosexualidad llegan a conclusiones para todos los gustos, parece que hay indicios de que ésta tiene en ciertos casos (estadísticamente no demasiado significativos) un origen biológico genético. El síndrome de Klinefelter (trisomía XXY) y la monosomía sexual X o síndrome de Turner (que sólo afecta a las mujeres) son ejemplos de errores cromosómicos. En ambos síndromes las características sexuales secundarias tienen escaso desarrollo. Estos desajustes genéticos son paliables en la actualidad mediante tratamiento médico hormonal, lo que hace suponer, a mi juicio, que no desembocan necesariamente en homosexualidad. Se ha demostrado que hay algunos casos en los que la homosexualidad puede tener un origen biológico hormonal. Las hormonas son las responsables de activar ciertos circuitos neuronales que, a su vez, provocan un específico comportamiento sexual. Es sabido que la testosterona induce ciertas características sexuales y de comportamiento en los varones, como son su agresividad y su peculiar sexualidad; sin que olvidemos que la parte del hipotálamo responsable de la conducta sexual es mayor en los hombres que en las mujeres. A su vez, la tendencia intuitiva, impulsiva y empática de la mujer es habitualmente achacada a la cantidad de estrógenos que circulan por el torrente sanguíneo de ésta. Se han hecho estudios con animales (ratas y animales salvajes) que demuestran el claro influjo de la manipulación hormonal en el desarrollo de características sexuales secundarias propias del sexo contrario. Unas hembras de leopardo a las que se les extirparon los ovarios y fueron sometidas a un determinado tratamiento hormonal perdieron, a consecuencia de ello, atractivo sexual para los machos. Pero más sorprendente aún fue que dichas hembras de leopardo desarrollaron una cualidad privativa de los machos de su especie: mover fuertemente la cola a voluntad. También se ha demostrado que la medicación antiabortiva (que imita a la testosterona) en madres gestantes con peligro de aborto produce un efecto claramente masculinizante en los fetos femeninos. Se ha llegado a demostrar que en un determinado período prenatal, la infiltración de testosterona en el feto produce la aparición de testículos, independientemente del sexo de éste. Igualmente sorprendente resulta que en los casos de partos múltiples de ratas, los fetos femeninos que están situados entre dos varones reciben una sobrecarga de testosterona que masculiniza parcialmente a dichos fetos.

Según Anne Fausto-Sterling (profesora de Biología de la prestigiosa Universidad de Brown en EE UU), quien en 1993 publicó un trabajo en la revista The Sciences, titulado «Los cinco sexos: por qué hombre y mujer son insuficientes»), «entre el 1,5 y el 2 por ciento de los niños nacidos en EE UU no caben dentro de la definición estricta de hombre o mujer, a pesar de que el bebé parezca una cosa u otra». Sin embargo, el total de jóvenes con algún tipo de trastorno de identidad de género o TIG en EE UU es de aproximadamente 3 millones, es decir, un 10 por ciento de la población total juvenil de aquel país. Estas estadísticas coinciden curiosamente con los porcentajes de homosexualidad adulta, establecidos en el revolucionario y hoy controvertidísimo Informe Kinsey de 1948 (sexólogos directamente relacionados con el Instituto Kinsey de Indiana han afirmado, en libros sobre Alfred Kinsey, que el conocido médico utilizó a pedófilos en serie y otros criminales sexuales para recabar la sesgada información sobre la sexualidad adulta e infantil que sirvió de base a sus famosos informes). Puesto que no todos los niños nacidos con una variante sexual acaban siendo homosexuales, hay que suponer que la sorprendente disparidad numérica entre estos niños y los que sufren algún tipo de TIG sólo puede ser explicada por el hecho de que el resultado final sexual que termina siendo el adulto surge de la combinación del sexo hormono-biológico con el que se nace y el género psicosexual en el que lo educan a uno los padres o bien aquel con el que uno se identifica, por las razones (traumáticas o no) que fueren. Los especialistas en TIG llevan alrededor de cuarenta años tratando a niños con un comportamiento sexual exageradamente estereotipado, firme y continuado del sexo contrario al suyo, y han obtenido resultados curiosos. De un grupo de 44 niños estudiados a lo largo de veinte años, el 75 por ciento se convirtieron en homo o bisexuales en la edad adulta y el restante 25 por ciento se transformaron en heterosexuales, a pesar de no haber recibido ningún tipo de terapia «correctora».

El tratamiento utilizado en EE UU para intentar curar los trastornos de identidad de género en niños y adolescentes puede realizarse en régimen de internamiento o de forma ambulatoria, con la participación o no de los padres del niño afectado. Las técnicas utilizadas, de inspiración pavloviana, son ciertamente controvertidas. En algunas de las clínicas en las que se obliga a los padres a participar directamente en la terapia clínica se introduce al niño en una habitación a solas en la que se habrán colocado dos mesas: en una habrá juguetes de niña y en la otra, juguetes de niño. En una ventana que da a la habitación-laboratorio se coloca a la madre de la criatura, para que cada vez que su hijo o hija de tres o cuatro años elija un juguete sexualmente incorrecto, y busque la lógica aprobación materna, aquélla se vuelva sin atender a las llamadas afectivas de su hijo afeminado o de su hija marimacho. Estos tratamientos suelen ser prolongados en el tiempo, con un coste elevado emocional y crematístico para padres e hijos. Ha habido casos de niños que han tenido que ser sacados de la habitación en estado de pánico, ante la extraña reacción de su atribulada madre, que los trataba con una frialdad desconocida para ellos hasta entonces. Kraig, un niño de cuatro años con un fuerte síndrome de afeminamiento, sufrió un ataque de histeria y pánico el primer día de su tratamiento. No obstante lo cual logró ser «curado» después de varios años de terapia clínica y domiciliaria. Se convirtió en el típico niño bruto y «machote», pero a los 18 años intentó suicidarse por miedo a ser homosexual. Una niña muy marimacho, Daphne S., que pasó tres años internada en diferentes clínicas psiquiátricas, donde le intentaron curar su marcado trastorno de identidad de género (mientras el seguro médico de sus padres pagó la factura, claro), fue dada de alta a los 18 años, presuntamente curada, a pesar de lo cual hoy es una contundente lesbiana que lleva bigote y perilla. Y diez años después sigue sufriendo terribles pesadillas nocturnas, relacionadas con su identidad sexual y con el tormento terapéutico al que fue sometida: intensas sesiones de maquillaje, obligada vestimenta femenina y citas con niños en contra de su voluntad.

Hay mucha controversia en la actualidad sobre los métodos de diagnóstico y el tratamiento utilizados en las clínicas especializadas en trastornos de identidad de género de EE UU, en las que no parecen distinguir si el origen de la tristeza de un niño es interior, porque es, por ejemplo, una niña atrapada en un cuerpo de niño, o si esa tristeza procede del rechazo de su entorno por sus preferencias de jugar con muñecas y vestirse de mujer. Daphne S. reprocha a los psicoterapeutas que la atendieron que ninguno se molestara en saber cuál era la causa de su trastorno: antes de la adolescencia había sido violada repetidas veces, era víctima de violencia física y padecía una grave neurosis.

Es preciso que se encuentren fórmulas terapéuticas adecuadas que permitan a los niños que sufren cualquier tipo de TIG psicodramatizar su conflicto, sin que experimenten ningún tipo de sentimiento de culpabilidad por sus peculiaridades psicogenéricas (tengan el origen que tengan), haciéndoles ver que hay ciertas cosas que sólo deben hacerse en privado, ya que la sociedad no las comprende y aísla a los que así la desafían.

Las estadísticas que se han citado antes y los casos que existen de trastorno de identidad de género parecen dejar bastante claro que en EE UU un porcentaje nada desdeñable de homosexuales sufrió algún tipo de TIG en la infancia. Aunque es muy difícil saber cuál es la estadística de casos de niños con trastornos de identidad de género en España, es significativo que varios psicoanalistas especializados en niños y adolescentes de la Asociación Psicoanalítica de Madrid consultados hayan reconocido que nunca han tenido en su consulta a un niño con TIG. Se han hecho muy pocos estudios en nuestro país sobre este asunto y los que hay se basan en las estadísticas de países extranjeros, según se afirma en una guía clínica para el diagnóstico y tratamiento de los TIG editada en mayo de 2002 por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, titulada Trastornos de identidad de género, que coordinó el doctor Antonio Becerra Fernández. En el segundo apartado de esta esclarecedora guía se desentraña el enigma de este tipo de trastornos: «Los TIG podrían desarrollarse como resultado de una interacción alterada entre factores genéticos, el desarrollo cerebral y la acción de las hormonas sexuales. Pero además, diversas influencias ambientales en períodos críticos del desarrollo, como el embarazo, la infancia o la pubertad pueden influenciar la conducta y la orientación sexual. El estrés prenatal, la relación materno-filial de las primeras etapas de la vida, influencias familiares o abusos sexuales durante la infancia o la pubertad pueden influenciar la conducta y la orientación sexual (?) para conformar la orientación e identidad sexual definitiva del adulto» (Cohen y Gooren, 1999).

La explicación del porqué de la proliferación de casos de TIG en EE UU podría estar en las peculiaridades de aquella sociedad. Allí es bastante frecuente que la gente cambie de casa, de barrio, de ciudad o de estado cada cuatro o cinco años. Dicho nomadismo impide que la familia se conserve cohesionada: abuelos, tíos y primos serán seres lejanos que no tendrán demasiado peso en el mundo afectivo del niño; incluso se hace difícil la amistad. Hay niños norteamericanos que a los ocho años ya han convivido con cuatro parejas legales de sus padres, seis o siete hermanastros, ocho abuelastros y media docena de medio hermanos (de todas las razas y culturas posibles), aparte de haber cambiado varias veces de barrio, de amigos, de colegio, de parroquia y hasta de religión (hay allí más de 35.000 iglesias protestantes independientes), sin olvidar que hace treinta años se puso de moda entre los «progres» de aquel país educar a sus hijos en una cierta neutralidad sexual. La estabilidad en el trabajo, la importancia de la familia y de los amigos y la extraordinaria cobertura sanitaria de que se disfruta en España explican que en nuestro país la movilidad social sea muy escasa, lo que permite que los niños españoles estén muy arropados por su familia y por sus amigos. El arraigo familiar sirve para que los niños no se desparramen psicológicamente.

El origen de la homosexualidad no biológica está, como ya se ha dicho, en las circunstancias que rodearon la educación y la experiencia vital del niño. No es necesario que los traumas padecidos por un niño sean graves para que deriven en una posible homosexualidad. Todos conocemos casos de niños criados «entre algodones» y sobreprotegidos por una madre viuda o una abuela amorosa que acaban siendo homosexuales.

También conocemos a niños, hijos únicos o el menor de una familia numerosa, en la que abundaban las hermanas, que se convirtieron en homosexuales. Aparte de los ya mencionados, que fueron violados en la infancia o fueron víctimas de violencia física. Según Gregorio Marañón (por conocimiento propio y corroborando al doctor Hirschfeld, pionero en operaciones de cambio de sexo), «muchos homosexuales son hijos únicos o el último vástago de una serie larga de hijos».

No tendría mucho sentido terminar este artículo sin hacer alusión al anteproyecto de ley de matrimonio de personas homosexuales, de 29 de diciembre de 2004, que, de ser aprobado por las Cortes españolas, equiparará la unión legal de las parejas homosexuales a la de las parejas heterosexuales. Quizá habría sido una buena idea que el Partido Socialista hubiese nombrado una comisión de expertos (médicos, biólogos, juristas, psicólogos, psiquiatras, teólogos, sociólogos?) que, aunque sólo hubiera sido con carácter consultivo, hubiesen estudiado a fondo la realidad de los , y el impacto posible de las uniones legales entre éstos, en una sociedad muy mayoritariamente heterosexual. Se habría podido encontrar una solución léxico-jurídica adecuada, que hubiese facilitado la asimilación de esta impactante realidad de forma progresiva, y sin ningún tipo de turbación, en los diferentes sectores de la sociedad española. Quizá no sea adecuado llamar «matrimonio» a la unión legal entre homosexuales, porque entra en conflicto con el matrimonio tradicional entre heterosexuales, cuyo proyecto común suele incluir la procreación de la prole, algo que está forzosamente excluido en las uniones homosexuales, como es natural. Hasta ahora, cuando un heterosexual hacía constar en un documento su condición de casado, quedaba clara su identidad sexual, ya que sólo se casaban los heterosexuales.

En cambio, a partir del momento en que el matrimonio pueda ser de carácter homosexual, ya no quedará clara la condición sexual de los antes mencionados, cuando se identifiquen como casados. Es muy comprensible que los homosexuales deseen unir sus vidas de forma legal. Lo que no es lógico es que el derecho de unos pocos pueda echar sombra sobre el derecho de la mayoría. Se podrían evitar estos conflictos de intereses si en lugar de llamar «matrimonio» a la unión legal entre homosexuales se lo llamara, por ejemplo, «desposorio» (o lo que se le ocurra a quien proponga un vocablo más acertado), que significa «casamiento», además de «promesa de matrimonio». Así, los homosexuales estarían «desposados» y los heterosexuales, «casados».

No podrían los homosexuales quejarse de que, de este modo, se dejaría patente su identidad sexual, ya que en el momento en el que incluyan a sus cónyuges en sus documentos oficiales, se hará evidente que se trata de una unión homosexual (sería incongruente que quisieran ocultar su condición sexual). No hay que olvidar, además, que, con demasiada frecuencia, los homosexuales se han burlado de la institución matrimonial. Véase, si no, el poema de Luis Cernuda en el que habla del «aguachirle conyugal». Por ello quizá les interese que se distingan sus uniones legales de las de los «aguachirlados».

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Saludos afectuosos

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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