Historia del himen en México
En un documental, la investigadora de la UNAM Oliva López Sánchez analiza el discurso médico acerca de las mujeres.
Durante muchos años El himen en México de Juan José Arreola pasó por una exquisita ocurrencia de la literatura nacional; en el texto, la broma se extendía hasta la propuesta de crear el Instituto Nacional de Himen y un ejército de inspectores que certificaran la pureza de las doncellas mexicanas.
La narración de Arreola fue publicada en 1971, era la reseña de una investigación real titulada del mismo modo, El himen en México, publicada por el médico Francisco Flores en 1882 con la que pretendía establecer una teoría general del himen.
El carácter moralista e ideológico que distinguió el tratado de Flores provocó que se tomara por ficción en Arreola, lo que había sido real en Flores. A 123 años de su difusión, la investigadora Oliva López Sánchez disecciona seriamente el análisis decimonónico para explicar el discurso médico acerca de las mujeres.
“Si partimos del principio de que la ciencia es también una construcción social, estamos en condiciones de entender que la ciencia en este caso era producto de los hombres de esa época; es decir, hombres cristianos, mestizos y burgueses”, dice la doctora en antropología Oliva López Sánchez.
Profesora e investigadora de la UNAM, y recientemente integrada al Sistema Nacional de Investigadores, López Sánchez se ha dedicado desde hace más de una década a temas relacionados con el discurso médico enfocado a las representaciones del cuerpo femenino.
Un valor, una membrana
En 1997 publicó Enfermas, mentirosas y temperamentales y formó parte, también, del Programa Interdisciplinario de Estudios de Género del Colegio de México.
López Sánchez presenta, ahora, su investigación Imágenes y representaciones del himen en la medicina del siglo XIX mexicano, como resultado del Seminario Las enfermedades psicosomáticas del proyecto “Cuerpo”, que dirige el doctor Sergio López Ramos en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala.
En principio, la investigadora fue invitada al congreso Historia de la Ciencia y la tecnología, para participar en la mesa dedicada a la función de la imagen y la fotografía en la ciencia que en 2003 se realizó en Guanajuato.
El proyecto maduró hasta convertirse en un documental en formato DVD de Xtreme producciones, con colaboración de Martín Ríos y Ericka López Sánchez, en el que se explica (y se muestra con láminas de hímenes que el mismo Flores añadió en su investigación) la función social de la medicina, en cuya tarea se incluyó el resguardo de la virginidad.
“El propósito de la investigación es desarmar y evidenciar cómo los valores que nos rigen y que nos forjan emociones, que hasta nos matan, son construidos y no naturales”, dice López Sánchez.
Este es el caso de la virginidad que según la investigadora fue atesorada como hoy la conocemos, en el contexto del surgimiento del capitalismo y la propiedad privada.
“La virginidad –señala– fue considerada como un valor de exclusividad, pues sólo así el hombre podía asegurar que los hijos que tenía eran suyos y por tanto su herencia estaría en posesión de su descendencia.
Otro valor que opera en el mismo sentido es el recato, obligatorio en una mujer casada, o sea una mujer que ya no es virgen, pero que está sujeta a resguardar los valores que fundan y mantienen unida a la familia.
Si en los siglos XVI y XVII la mujer era considerada un ser pecaminoso que orillaba al hombre a cometer desbordes, después pasa a ser una mujer permanentemente enferma.
“Todo el debate médico se centra en el útero. Se pensaba que las mujeres eran enfermas, mentirosas y temperamentales a causa de él, pues tres cuartas partes de su vida se la pasaban enfermas: cada 28 días a causa de la menstruación, luego en cada embarazo, más tarde durante el puerperio y finalmente en la menopausia”, dice la especialista.
En los años que ha invertido en estas investigaciones López Sánchez ha encontrado que el debate en torno a qué útero era normal o no, después pasó a los ovarios. Hoy en día son las hormonas, y al parecer no hay mucha diferencia. El discurso médico, en muchos casos, sigue naturalizando condiciones como la depresión.
Depresión femenina
“Actualmente hay más mujeres deprimidas sí, pero los médicos aseguran que se debe a su funcionamiento hormonal, es decir, su naturaleza biológica. Para explicar el fenómeno no consideran los factores sociales, políticos y económicos que, nos guste o no, son una realidad que oprime más a cierta parte de la población: las mujeres.
Las condiciones de salud de ellas son terribles: más diabetes, más problemas cardíacos, de obesidad, depresión y cáncer de útero y mama. Para explicar esto se requiere una visión integral, entender que el cuerpo no sólo es biología es una construcción social, resultado de una historia, social, familiar, emocional.
Y, otra vez, eso se materializa en detalles tan cotidianos que parecen inofensivos, ‘fulanita está mal porque le hace falta marido, porque está en sus días o anda menopáusica”.
Como ha consignado la literatura de Arreola, estas explicaciones adquieren cierta forma de patriotismo más propia de la ficción, según el investigador Felipe Vázquez de la UNAM, en su texto Francisco A. Flores, Juan José Arreola y El hímen en México.
El literato –explica Vázquez– descubrió que un libro con estos atributos podía dar pie a una lectura maliciosa y de ficción científica. Y la hizo”. Incluso satirizó la obra hasta atribuir a Flores la propuesta de crear un Instituto Nacional del Himen, idea divertidamente falsa.
http://www.milenio.com/nota.asp?id=253397
Saludos Afectuosos
Dr. José Manuel Ferrer Guerra
Durante muchos años El himen en México de Juan José Arreola pasó por una exquisita ocurrencia de la literatura nacional; en el texto, la broma se extendía hasta la propuesta de crear el Instituto Nacional de Himen y un ejército de inspectores que certificaran la pureza de las doncellas mexicanas.
La narración de Arreola fue publicada en 1971, era la reseña de una investigación real titulada del mismo modo, El himen en México, publicada por el médico Francisco Flores en 1882 con la que pretendía establecer una teoría general del himen.
El carácter moralista e ideológico que distinguió el tratado de Flores provocó que se tomara por ficción en Arreola, lo que había sido real en Flores. A 123 años de su difusión, la investigadora Oliva López Sánchez disecciona seriamente el análisis decimonónico para explicar el discurso médico acerca de las mujeres.
“Si partimos del principio de que la ciencia es también una construcción social, estamos en condiciones de entender que la ciencia en este caso era producto de los hombres de esa época; es decir, hombres cristianos, mestizos y burgueses”, dice la doctora en antropología Oliva López Sánchez.
Profesora e investigadora de la UNAM, y recientemente integrada al Sistema Nacional de Investigadores, López Sánchez se ha dedicado desde hace más de una década a temas relacionados con el discurso médico enfocado a las representaciones del cuerpo femenino.
Un valor, una membrana
En 1997 publicó Enfermas, mentirosas y temperamentales y formó parte, también, del Programa Interdisciplinario de Estudios de Género del Colegio de México.
López Sánchez presenta, ahora, su investigación Imágenes y representaciones del himen en la medicina del siglo XIX mexicano, como resultado del Seminario Las enfermedades psicosomáticas del proyecto “Cuerpo”, que dirige el doctor Sergio López Ramos en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala.
En principio, la investigadora fue invitada al congreso Historia de la Ciencia y la tecnología, para participar en la mesa dedicada a la función de la imagen y la fotografía en la ciencia que en 2003 se realizó en Guanajuato.
El proyecto maduró hasta convertirse en un documental en formato DVD de Xtreme producciones, con colaboración de Martín Ríos y Ericka López Sánchez, en el que se explica (y se muestra con láminas de hímenes que el mismo Flores añadió en su investigación) la función social de la medicina, en cuya tarea se incluyó el resguardo de la virginidad.
“El propósito de la investigación es desarmar y evidenciar cómo los valores que nos rigen y que nos forjan emociones, que hasta nos matan, son construidos y no naturales”, dice López Sánchez.
Este es el caso de la virginidad que según la investigadora fue atesorada como hoy la conocemos, en el contexto del surgimiento del capitalismo y la propiedad privada.
“La virginidad –señala– fue considerada como un valor de exclusividad, pues sólo así el hombre podía asegurar que los hijos que tenía eran suyos y por tanto su herencia estaría en posesión de su descendencia.
Otro valor que opera en el mismo sentido es el recato, obligatorio en una mujer casada, o sea una mujer que ya no es virgen, pero que está sujeta a resguardar los valores que fundan y mantienen unida a la familia.
Si en los siglos XVI y XVII la mujer era considerada un ser pecaminoso que orillaba al hombre a cometer desbordes, después pasa a ser una mujer permanentemente enferma.
“Todo el debate médico se centra en el útero. Se pensaba que las mujeres eran enfermas, mentirosas y temperamentales a causa de él, pues tres cuartas partes de su vida se la pasaban enfermas: cada 28 días a causa de la menstruación, luego en cada embarazo, más tarde durante el puerperio y finalmente en la menopausia”, dice la especialista.
En los años que ha invertido en estas investigaciones López Sánchez ha encontrado que el debate en torno a qué útero era normal o no, después pasó a los ovarios. Hoy en día son las hormonas, y al parecer no hay mucha diferencia. El discurso médico, en muchos casos, sigue naturalizando condiciones como la depresión.
Depresión femenina
“Actualmente hay más mujeres deprimidas sí, pero los médicos aseguran que se debe a su funcionamiento hormonal, es decir, su naturaleza biológica. Para explicar el fenómeno no consideran los factores sociales, políticos y económicos que, nos guste o no, son una realidad que oprime más a cierta parte de la población: las mujeres.
Las condiciones de salud de ellas son terribles: más diabetes, más problemas cardíacos, de obesidad, depresión y cáncer de útero y mama. Para explicar esto se requiere una visión integral, entender que el cuerpo no sólo es biología es una construcción social, resultado de una historia, social, familiar, emocional.
Y, otra vez, eso se materializa en detalles tan cotidianos que parecen inofensivos, ‘fulanita está mal porque le hace falta marido, porque está en sus días o anda menopáusica”.
Como ha consignado la literatura de Arreola, estas explicaciones adquieren cierta forma de patriotismo más propia de la ficción, según el investigador Felipe Vázquez de la UNAM, en su texto Francisco A. Flores, Juan José Arreola y El hímen en México.
El literato –explica Vázquez– descubrió que un libro con estos atributos podía dar pie a una lectura maliciosa y de ficción científica. Y la hizo”. Incluso satirizó la obra hasta atribuir a Flores la propuesta de crear un Instituto Nacional del Himen, idea divertidamente falsa.
http://www.milenio.com/nota.asp?id=253397
Saludos Afectuosos
Dr. José Manuel Ferrer Guerra
Etiquetas: 200701
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