Salud y Sexualidad *

martes, octubre 28, 2008

Sólo 10% de los impotentes busca tratamiento profesional

27 de Octubre de 2008 |


Sólo 1 de cada 10 hombres con disfunción eréctil acude al médico para tratar de superar el problema. La psicólogo clínico Aminta Parra indicó que los hombres que sufren la enfermedad suelen sentirse incapaces, desvalorizados y deprimidos.

"Por lo general la mujer es la que convence al hombre para que vaya al médico, porque es una de las principales afectadas. La disfunción eréctil también incide en el entorno laboral, social y familiar", aseguró.

La enfermedad afecta principalmente a los hombres mayores de 40 años. Se caracteriza por la dificultad para lograr o mantener una erección suficientemente rígida como para lograr una relación sexual satisfactoria.

Enfermedades como diabetes, hipertensión arterial, problemas cardiovasculares, alcoholismo y tabaquismo influyen en su aparición. También inciden el estrés, la depresión y la ansiedad.

Actualmente se puede detectar con exámenes de laboratorio que miden los niveles de testoterona, estrógenos, colesterol, triglicéridos y glicemia. En caso de requerirlo, se realiza una imanología que estudia el flujo sanguíneo a través del pene.

La enfermedad suele tratarse con cambios de hábitos y medicamentos como antidepresivos y antihipertensivos.

También se recomienda el asesoramiento psicológico tanto para el paciente como para la pareja. Las terapias disminuyen el estrés, los miedos y la ansiedad.

Simposio del placer A propósito del Día Mundial de la Lucha contra la Disfunción Eréctil, del 30 de octubre al 1º de noviembre, en el hotel Pestana Caracas, se realizará el XII Simposium Internacional de Sexología.

Expertos psicólogos, sexólogos y demás especialistas en el tema dictarán charlas sobre trastornos sexuales, literatura erótica, la erotología o búsqueda de placer, la sexualidad y las artes visuales, el síndrome de la pareja tóxica y educación sexual en los jóvenes.

Mañana, desde las 9:00 am, en el Ateneo de Caracas, habrá una charla gratuita sobre la disfunción eréctil y la satisfacción sexual.


http://www.entornointeligente.com/

 

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miércoles, octubre 15, 2008

El Sexo como Tratamiento de Belleza

“No se racione la pasión”, dicen los expertos médicos. El sexo es divertido, excitante y una de las pocas cosas en la vida que es gratis. Le puede hacer lucir y sentir de maravilla. La celulitis, manchas, depresión, estrés, ataques al corazón y dolores de cabeza, entre otras cosas, pueden mejorarse con un poco de amor.

Se ha descubierto científicamente que, cuando la mujer hace el amor, produce doble cantidad de estrógeno, la hormona que mantiene la piel suave y le da brillo al cabello.

Hacer el amor de un modo suave y relajado elimina las probabilidades de sufrir dermatitis, erupciones y manchas cutáneas. El transpirar limpia los poros y es saludable para la piel.

Al copular puede quemar hasta 560 calorías, y eso equivale a una hora y media en una bicicleta.

Es uno de los ejercicios más completos que existen. Entona todos los músculos del cuerpo.

Es una cura instantánea para la depresión leve. Hace circular la endorfina por el sistema sanguíneo, produciendo una agradable sensación de euforia y bienestar.

El estrógeno es una hormona que retarda el proceso de la osteoporosis y puede proteger contra la hipertensión.

Cuantas más relaciones sexuales se tengan, más se ofrecerán. El cuerpo sexualmente activo segrega más cantidad de sustancias llamadas feromonas que vuelven loco al sexo opuesto.

El sexo te hace mejor deportista. Esa noche podrás dormir mejor.

Un abrazo amoroso te ayuda a tener más confianza en ti mismo. Saber que alguien te desea es suficiente para que tú mismo te quieras más.

Es el mejor tranquilizante del mundo. "Diez veces más efectivo que el valium".

Besar a diario aleja del dentista. Besar estimula la saliva, que elimina partículas de comida de los dientes, también hace disminuir el nivel ácido que causa las caries y la placa dental.

Alivia los dolores de cabeza. Un encuentro amoroso relaja la tensión, que constriñe los vasos sanguíneos cerebrales.

Mucho amor puede destapar una nariz bloqueada. El sexo es un antihistamínico natural.

Practicado con toda regularidad, el sexo mejora notablemente la salud mental. Saca a relucir las emociones, incluso la risa. Se ha comprobado que la risa alivia el estrés, eliminando el exceso de hormonas como la adrenalina, y haciéndole sentir eufórico, pero calmado.

En Suecia, los funcionarios de la república han establecido días de fiestas sexuales para que la gente "olvide las cosas apremiantes y se pueda relajar".

El frecuente contacto sexual hace los labios más besables. Les da color, mejor forma y apariencia.

Si padecés de insomnio, no tomes píldoras. Los cambios bioquímicos que ocurren durante el acto sexual provocan lasitud y sueño enseguida.

Uno de los mejores antídotos para la tensión nerviosa es hacer el amor, se le quitará el pánico y la ansiedad.

Si hace el amor al menos una vez a la semana, estará menos irritable y le afectará menos la tensión diaria.

Las noches de pasión mitigan la amenaza de problemas cardíacos (siempre y cuando no sean después de una opípara cena).

Hacer el amor puede aliviar la artritis, mejora la circulación y aumenta los glóbulos rojos.

Hacer el amor te ayuda a prevenir la celulitis. Mejora la circulación de fluido linfático en el cuerpo. El sistema linfático se encarga de eliminar bacterias, toxinas y otras sustancias que se acumulan en el organismo, especialmente en los muslos.

14 de octubre de 2008 (Mujer·Com)

http://www.derf.com.ar/

 

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lunes, octubre 13, 2008

Gánale la batalla a la inapetencia sexual

[11/10/2008 | 22:45 ] El deseo es esencial para una vida sexual plena y si éste disminuye, la sexualidad puede desaparecer.


El ritmo de vida que llevamos hoy en día con prisas y estrés, y la rutina y conflictos con la pareja pueden ocasionarnos una falta de deseo sexual. Si las cosas íntimas que antes hacías con tu pareja y tanto te gustaban ahora te resultan indiferentes o incluso incómodas, ¡no dejes que la pereza sexual te venza!

Él no te enciende como antes

La inapetencia sexual no sólo afecta a las mujeres adultas o maduras, sino que también las chicas jóvenes la pueden padecer.

Aunque todas podemos pasar por períodos de menor deseo, la inapetencia sexual prolongada puede traerte consecuencias a ti y a tu relación de pareja.

¿Por qué la sufrimos?

Los factores que pueden provocar que el deseo sexual disminuya son muchos: los problemas con tu pareja, los conflictos de trabajo, el estrés, la depresión, un parto reciente o ciertos medicamentos como los antidepresivos o los diuréticos.

A veces la presión a la que estamos sometidas puede hacer que decaiga el deseo, pero sin que esto sea un problema. Sin embargo, si la inapetencia sigue, puede ocasionarnos consecuencias físicas como resequedad vaginal y dolor en la relación sexual.

Miguel Costa, psicólogo clínico especializado en la materia, da algunas recomendaciones para que las tomes en cuenta si algo así te está sucediendo.

Tu deseo sexual inhibido

• En primer lugar, planea con tu pareja hacer una “dieta sexual temporal”, es decir, que esté prohibido tener sexo o hablar de él.

• Restablezcan la comunicación como pareja, hagan que el diálogo abierto sea la base de su relación.

• Es fundamental que haya confianza absoluta entre ustedes para que su relación sexual se desarrolle lo más sana posible.

• Después, poco a poco, reinicien su vida sexual sin llegar al coito, es decir, con masajes, caricias y cariño, hasta que sientas que tu deseo sexual resurge.

• También hay cosas con las que puedes ayudarte, como geles lubricantes o incluso Viagra, consultando antes a un especialista.

La inapetencia sexual de tu pareja

• No te disgustes con él ni le hagas ningún reproche, porque tú también formas parte de esta terapia.

• No lo agobies ni lo presiones, porque la presión y la ansiedad sólo empeoran las cosas.

• Dedícale atención y anímalo en otros aspectos para ayudarlo a fortalecer su autoestima.

• Proponle hacer juntos nuevos planes que faciliten más la comunicación y la confianza entre ustedes.

Trabajando en estas recomendaciones, facilitarán que poco a poco su deseo sexual inhibido se corrija y podrán volver a tener una vida sexual satisfactoria.

11 de octubre de 2008 (esmas)

http://www.derf.com.ar/

 

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Ser adicto al sexo no tiene gracia

Los afectados sufren temblores, ansiedad y síndrome de abstinencia - Esta obsesión enfermiza les lleva a buscar sesiones de sexo para mitigar la angustia - El 85% son hombres

Vale ya de chistes fáciles. Ser adicto al sexo es ser un adicto. Es como ser yonqui. Miedo, temblores, mono. Sesiones de horas de sexo que no producen placer y que sólo mitigan por unos instantes la angustia, la ansiedad. El infierno por el que pasó Ricardo, que perdió sus dos trabajos y a su mujer, nos servirá para entender de qué hablamos. Vale ya de chistes fáciles. Ser un adicto al sexo no tiene ninguna gracia.

La adicción al sexo está en el centro del debate. Y no porque el actor David Duchovny haya pasado por una clínica. Hoy por hoy, no está reconocida como tal en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (Disease Statistical Manual -DSM IV TR-), la biblia de los psiquiatras, el manual que permite efectuar un diagnóstico. Stricto sensu, no existe. Muchos de los que en Estados Unidos preconizan que se incluya en la próxima revisión de esta biblia, en 2012, otorgan una dimensión moral al debate, un cierto puritanismo. En España, un buen número de los que apoyan su incorporación al DSM abogan porque se reconozca una realidad innegable. El debate está abierto y lleno de matices. Pero hay algo en lo que todos, psiquiatras, terapeutas, sexólogos y pacientes, coinciden: estar enganchado al sexo no tiene ninguna gracia.

Las luces de los clubes de carretera, cada dos por tres, saliendo a su paso. Para Luis, circular de noche con su coche era exponerse a volver a caer. Luis es un nombre ficticio. Sólo su familia sabe que es adicto al sexo. El estigma social en torno a esta enfermedad es una losa.

Le cuesta contar su historia. Sentado en una consulta del Centro para el Tratamiento y la Rehabilitación de Adicciones Sociales (Cetras) de Valladolid, recuerda sus días de calvario. Las luces de colores de los clubes eran como la musiquilla que llama al ludópata para que eche otra moneda a la máquina. "Todo está perfectamente pensado para atraerte", dice, y tuerce el gesto: "La tentación es más grande que la voluntad".

Luis tiene 44 años y trabaja como comercial. O sea, viaja constantemente. Su trabajo le ofreció durante años una cierta cobertura, un catálogo de coartadas para su mujer. Hasta que llegaron los problemas de dinero. Entonces ya no hubo modo de tapar la evidencia con más mentiras.

Empezó a frecuentar prostíbulos con los libros de la Facultad bajo el brazo. Siempre iba solo. El trabajo trajo dinero, y el dinero, más visitas a los clubes. Noches cada vez más largas. Despertares junto a dos chicas. Prostitutas que le vendían coca para aguantar toda la noche. La factura de esas escapadas fue creciendo. Llegó a gastarse 2.400 euros en una noche.

Comenzó a llegar tarde a sus citas laborales. A utilizar su dinero y el de la empresa. A vigilar el buzón para interceptar las cartas del banco. Llegó un momento en que abría las páginas de contactos de los periódicos y sólo con ver el teléfono sabía en qué club se encontraba la chica del anuncio. "Los últimos tres meses fueron de locura, iba de putas todas las noches". Hasta que se encontró en un callejón sin salida, hace cuatro años. "El dinero me faltaba, la empresa me lo podía reclamar. Piensas en desaparecer, en estamparte contra un camión. Pero tuve un momento de lucidez y llamé a mis hermanos", dice subiendo la voz.

Necesitaba 8.000 euros. Le dijeron que no. Que pidiera un préstamo y que hiciera frente al problema ingresando en el Cetras. "Ahora agradezco que no me dejaran ese dinero, enfrentarme a mi problema fue lo mejor que podía hacer".

Cuatro años de terapia han pasado. Luis sigue acudiendo todos los miércoles por la tarde a este centro situado junto al campus universitario de Valladolid. Su mujer le dio una oportunidad y la ha aprovechado. Ha superado "el distanciamiento" que le separaba de ella. Ha aprendido a disfrutar de "los pequeños placeres de la vida". Juega de nuevo con su hijo. "Hay que pedir ayuda antes de llegar al límite", dice. Eso sí, nunca más podrá llevar una visa en el bolsillo.

"Es una patología de la libertad", dice Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. Cuando hay adicción, la persona lo pasa mal, no encuentra satisfacción, es incapaz de frenar y su obsesión interfiere en su vida. Afecta a su trabajo, a su capacidad de concentración, a su economía.

Hay parejas que practican sexo dos o tres veces al día y eso no significa que sean adictos al sexo. "Eso es la pasión de una relación que comienza, por ejemplo", declara la sexóloga Miren Larrazábal, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología. Hay personas que se masturban dos veces al día, dice, y eso no tiene por qué ser patológico. "Si eso no les causa problemas con su pareja, si no interfiere en su vida, si saben controlarlo, no hay problema. La persona que sufre adicción sólo obtiene placer en el momento, al final del clímax sexual ya se siente mal, vuelve la ansiedad, que va a más y que necesita volver a aplacar con más sexo".

De hecho, más de uno se agarra a la cantinela de la adicción al sexo para justificar su comportamiento en pareja. La sexóloga Charo Castaño, que atiende a mujeres en el Instituto Palacios, cuenta que en ocasiones ellas vienen acompañadas del marido, que dice que la mujer no le da lo que él quiere y que por eso lo busca fuera de casa, que no lo puede evitar. Francisco Cabello, presidente de la Liga Internacional para la Promoción de la Salud Sexual, asegura que es una coartada frecuente. "Si un hombre es infiel, no es que tenga una enfermedad, es que ha roto con sus valores. También hay gente que utiliza con frecuencia la prostitución y no tiene una adicción al sexo". Cabello también recibe a parejas en las que el hombre plantea que su mujer tiene adicción porque lo quiere hacer todos los días: "Son casos de falta de deseo masculino, hacerlo todos los días no es malo, ¿acaso decimos que alguien es adicto cuando ve dos partidos de fútbol al día?".

Fernando Pérez del Río, autor del libro Nuevas adicciones, ¿adicciones nuevas?, defiende que hace falta un diagnóstico común para todas las adicciones. "No hay gran diferencia entre el adicto al sexo y el drogadicto. No podemos estar inventando una nueva adicción cada tres años, se crea alarma social". En el Cetras de Valladolid, de hecho, uno de los centros pioneros en adicciones sociales en España, los adictos a las compras, a Internet y al sexo hacen terapia juntos.

Miércoles pasado, 18.30. Nueve pacientes están sentados en corro. Adelina Bernardo, la terapeuta, dirige la sesión. Hay una nueva incorporación al grupo, una mujer de mediana edad que se ha vuelto adicta al messenger, así que toca que cada uno de los pacientes se presente. Luis, el único adicto al sexo que acude a la terapia esta tarde, da el paso adelante y cuenta su caso. Poco después interviene Juan. "Yo entré aquí en el año 2000. Dejé el alcohol y lo cambié por una adicción a las compras. Me mentía a mí mismo y mentía a todos los demás". Olga, de 26 años, sentada a su lado, asiente. Ella padece bulimia y dependencia emocional, una adicción en la que una persona se convierte en el objeto adictivo de la otra. Todos tienen la sensación de tener mucho en común.

"Cuando escucho a alguien contar su adicción a la coca o al alcohol, siento que ésa es mi historia", dice Ricardo, otro de los nueve pacientes adictos al sexo que acuden a este centro, "el sudor, los temblores, la angustia, el miedo, el deseo desenfrenado de conseguir lo que necesitas". Ricardo -nombre ficticio-, de 49 años, perdió una casa y dos puestos de trabajo por su espiral adictiva. Su mujer le dejó. Cuando entraba en un restaurante, fijaba la mirada en una mujer, le daba igual que estuviera acompañada. La miraba y hacía un gesto. Si ella se levantaba al baño, aprovechaba el momento y se acercaba a proponerle un encuentro furtivo. "No me importaba que me diera una bofetada, si lo lograba, conseguía mi objetivo. No tenía reglas, ni moral, ni respeto por nada", dice, sujetando su cabeza entre las manos. Tuvo una recaída el pasado mes de enero. Dejó de comer, perdió 22 kilos, se le empezó a caer el pelo. Su mujer, de la que se separó un tiempo, ha vuelto junto a él para apoyarle.

Los adictos al sexo consultados dicen que siempre les faltó personalidad. Que no sabían decir que no. Que existía una enorme falta de autoestima y de confianza en sí mismos. Como Pedro, que trabaja solo en casa y cuya vida cambió con la llegada de Internet. Casado y con tres hijos, lleva cinco años en terapia. "Podía visitar páginas porno durante 12 o 14 horas al día. Acabé con molestias en el codo, de tanto usar el ratón", cuenta, apesadumbrado. Aún no ha salido del túnel, sigue trabajando en casa, e Internet está ahí. "Es como tener un mechero en una mano y un cigarro en otra para un adicto al tabaco".

Hay clínicas que ofrecen soluciones milagrosas al problema en 45 días. De hecho, los famosos suelen ingresar en centros de los que salen al poco tiempo. "En 45 días da tiempo a que la persona se centre y se dé cuenta de que tiene un problema", dice Adelina Bernardo. Hacen falta entre seis meses y un año para que la persona se estabilice. Y como ella suele explicar, ser adicto al sexo es como tener diabetes. Hay que mantenerse vigilante toda la vida, como el alcohólico que no debe volver a probar un sorbo. Eso sí, con la terapia se puede volver a la vida, salir del infierno.

La combinación con la cocaína

"Veo muchos adictos combinados sexo-coca", dice el director del Instituto Andaluz de Sexología, Francisco Cabello. Personas que en sus noches de desenfreno tienen que recurrir además a la viagra para no perder la erección que el consumo de cocaína produce.

La psicóloga Adelina Bernardo explica que, en muchos casos, detrás de la adicción al sexo hay episodios de abusos sexuales en la infancia. O padres que han hecho que los hijos desarrollen un sentimiento de culpabilidad frente al sexo.

El Instituto Dexeus de Barcelona realizó un estudio clínico entre sus pacientes hace dos años. De los 65 adictos al sexo que estudiaron, el 85% eran hombres. El 32% presentaban adicción a tóxicos; un 18% habían sido compradores compulsivos, y un 5%, eran jugadores patológicos. El 21% sufría un cuadro depresivo.

El psiquiatra Josep Maria Farré, que lleva años estudiando este fenómeno, explica que hoy por hoy la adicción al sexo no está reconocida como tal por la comunidad científica. Y que lo que se está planteando es su inclusión en el grupo de los trastornos del control de impulsos, un capítulo en el que hoy se hallan la ludopatía, la piromanía, la cleptomanía o la tricotilomanía (arrancarse el cabello). "Debemos aceptar que es un fenómeno que existe y estudiarlo".

Enrique Echeburúa también se muestra partidario de que se reconozca su existencia. Eso sí, ambos se desmarcan de la cuestión moral que acompaña al debate en Estados Unidos. "La sexualidad está siendo patologizada", explica por teléfono desde la Universidad de Indiana el investigador Brian Hodge.

Farrés dice que, entre los adictos al sexo, los más impulsivos pueden llegar a ser acosadores sexuales. El doctor Blas Bombín, fundador del Cetras, asegura que la adicción al sexo es la única adicción que no es atenuante y que puede llegar a ser agravante en un juicio. "El clima de alarma social es de rechazo a estos adictos, se les estigmatiza como si no tuvieran remedio. Pero son personas rehabilitables".

Añade que el perfil del violador es distinto: en el caso del violador hay un trastorno de la personalidad. "El reconocimiento de la adicción al sexo es políticamente incorrecto en la medida en que puede acabar convirtiéndose en atenuante en determinados delitos", sentencia.

http://www.elpais.com

 

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Alimentos afrodisíacos: mitos y realidades

La relación entre la alimentación y la estimulación de diversas sensaciones está rodeada de mitos que podrían tener un trasfondo científico

Las ostras, el champagne o el chocolate no tienen ningún nexo nutricional, ya que son alimentos de naturaleza muy distinta. Sin embargo, a todos se les relaciona con el aumento de la libido y la exaltación del erotismo. Neurólogos y otros médicos especialistas, así como antropólogos, tratan en la actualidad de ampliar conocimientos y buscar una explicación científica sostenible a algunos de los mitos que asocian una cena afrodisíaca y al placer sexual.

Dieta y libido

La historia nos desvela el uso de afrodisíacos desde tiempos inmemoriales. La creencia de que ciertos alimentos y platos son responsables en un gran porcentaje del placer sexual ha llegado intacta hasta nuestros días. Desde el punto de vista científico, las investigaciones que han tratado de dar sentido a estas suposiciones son diversas. En la actualidad es conocido el rol de la dieta en el mantenimiento del equilibrio hormonal, razón suficiente para algunos profesionales sanitarios como Sarah Brewer para asegurar que existe un nexo directo entre la alimentación y la libido.

Para Brewer, que ha formado parte de la unidad médica genitourinaria del "Queen Elisabeth Hospital", en Norfolk (EE.UU.) hasta el año 2002, alimentos como el chocolate tienen una textura, sabor y aroma que al introducirlos en la boca, las numerosas terminaciones nerviosas de los labios, la nariz y la lengua reciben una información capaz de producir ciertas hormonas y otras sustancias, como las endorfinas, que actúan sobre el estado anímico de la persona.

Muchos de los mitos acerca de los alimentos afrodisíacos están basados en la idea de que ciertos nutrientes como las vitaminas o algunos minerales pueden reforzar o estimular la función o el deseo sexual. Por ejemplo, las vitaminas liposolubles del huevo podrían mejorar la eyaculación precoz, el calcio del helado de vainilla crear orgasmos más intensos o el ácido fólico de los cereales integrales mejorar la circulación de los genitales en el momento preciso. Son mitos que han suscitado la atención de numerosos profesionales de la salud e investigadores, aunque queda por demostrar con evidencia científica suficiente la asociación entre dichos componentes de los alimentos y su "aparente" poder afrodisíaco.

Queda mucho por aclarar

La pérdida de la libido y los problemas de pareja que provocan las dificultades fisiológicas para disfrutar del sexo han dado lugar a algunas investigaciones que han llegado a conclusiones interesantes aunque, por el momento, nada concluyentes. Queda por tanto un largo camino por recorrer para establecer nexos definidos entre la dieta y el deseo sexual. Por ejemplo, los fitoestrógenos, abundantes en legumbres como la soja, se han revelado como un coadyuvante significativo en la mejora de la sintomatología que acompaña a la pérdida de estrógenos durante la menopausia.

Investigadores del Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla han realizado un estudio con 190 mujeres postmenopáusicas a las que se les ha suministrado una preparación de soja rica en isoflavonas. Entre otros aspectos, han observado una mejoría sustancial en la habitual pérdida de la libido, que se da en esta etapa fisiológica de la vida de la mujer. Por otro lado, hace décadas que se ha observado que la deficiencia de zinc en hombres que deben someterse a hemodiálisis es un factor que empeora la disfunción gonadal que sufre la mayoría de estos pacientes.

El suplemento de zinc en estos casos ha resultado en algunos estudios, aunque no en todos, en una mejora de la potencia, la libido y la frecuencia de la realización del acto sexual en hombres con problemas renales. Precisamente las ostras, uno de los grandes referentes de la cocina afrodisíaca, son muy ricas en este mineral. Estos son algunos ejemplos de investigaciones realizadas sobre esta cuestión que ofrecen resultados interesantes aunque, tal y como advierten sus autores, todavía queda mucho por demostrar.

Otros puntos de vista

La cocina afrodisíaca está tapizada de una larga lista de alimentos que, al margen de que generen pasión o no, cuentan con beneficios notorios para la salud. Al picante de los chiles se le atribuye la capacidad de provocar la secreción de endorfinas, que es un estimulante natural; el ajo contiene compuestos que favorecen la circulación y el flujo sanguíneo, necesario por otra parte para estimular los órganos sexuales.

Los cereales integrales y verduras varias son ricas en vitaminas del complejo B y, en concreto, las fuentes de niacina actúan como vasodilatadores, ayudando en la producción de histamina, una sustancia implicada en el orgasmo, tal y como afirma la doctora Brewer.

Por otra parte, estas afirmaciones contrastan con el pensamiento de otros muchos profesionales de la salud como Barnaby Barrat, presidente de la American Association of Sex Educators, Counselors, and Therapists, que se manifiesta con una visión más pragmática del tema y afirma que el nexo entre alimentos y libido es más psicológico que fisiológico.

http://www.consumer.es/


 

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sábado, octubre 11, 2008

La madre de todas las hormonas

escrito por Zaida Velásquez
domingo, 05 de octubre de 2008

A esta hormona, que tiene un nombre científico bien difícil de pronunciar y de escribir, la llamaremos simplemente Dhea. Aunque ella de simple no tiene nada, la llamo la madre de todas las hormonas, porque la mayoría de las otras hormonas sexuales derivan de ella, además ella se encuentra en abundancia en nuestro cuerpo (hombre o mujer) más que cualquiera otra hormona, su conducta es avasallante y en cierto modo, nos dice cuando podemos o no hacer el amor, ella es muy osada, se mete con nuestro impulso sexual, con nuestros orgasmos y nuestro poder de atracción.

Nosotros invertimos un dineral en perfumes, colonias y cremas, pero tal vez ha llegado el momento de que conozcamos a la productora ejecutiva de nuestro propio aroma personal, que no es otra que la madre Dhea, señora sumamente versátil que, ante todo, posee la capacidad de manipular nuestras elecciones sexuales a través del olfato.

El valor y la importancia de la Dhea han sido subestimados durante demasiado tiempo, ahora, en años más recientes, ella emergió como la más fascinante, la más versátil y la más dinámica de nuestras hormonas sexuales.

De hecho, puede que la Dhea sea la sustancia química más poderosa de nuestro universo personal. Ella no solo produce las feromonas que esparcen nuestro olor característico a través de la piel, sino que la muy zorra actúa en nuestro cerebro para que este perciba el olor del sexo opuesto influyendo de esta manera en la elección de pareja. Además puede incidir en el hecho o no de quedarnos preñadas (desde luego, en quien será el padre), en la fuerza de nuestros lazos con el bebé y en muchas otras cosas, como pueden ver se comporta como toda una madre, metiendo las narices en todo. Ya verán. De hecho ella alcanza su nivel más alto, cerca de los veinticinco años, por lo tanto es posible que actúe a favor del cortejo y el emparejamiento en el momento culminante de nuestra capacidad de atracción.


¿Qué es la Dhea?

Como hormona sexual, ella no discrimina, se produce en ambos sexos en las glándulas adrenales (dos glándulas situadas encima de los riñones) casi en iguales cantidades, excepto en el cerebro que secreta su propia Dhea. De hecho sus concentraciones es este órgano son más elevadas que la de cualquiera otra hormona sexual y los humanos son los únicos mamíferos que presentan esta característica, se sugiere que ella es la principal responsable, de la liberación del impulso sexual femenino a un estado hormonal, parecido al masculino (más activo que receptivo).

Al examinar las características sexuales de la Dhea a través de las costumbres de los animales, podemos seguir la secuencia natural del proceso de emparejamiento, ella se transforma en una feromona y nos engancha con el otro o la otra por el olorcito que percibimos por el olfato, luego, chupulum vienen sus potenciales cualidades afrodisíacas, su papel en nuestra "piel sexual" y finalmente su impacto en el orgasmo. Ahora bien la cuestión es que aunque dos personas presenten concentraciones similares de Dhea en la sangre, su "caldo cutáneo "de hormonas puede variar enormemente, causando la emisión de señales olorosas totalmente distintas. ¿Verdad que no todos los hombres y mujeres huelen igual? Hay olores que nos excitan y otros que nos desagradan. Pasa igual con los perfumes que reaccionan de diferentes formas, según la piel donde se pongan.

La Dhea y el deseo. La madre no solo influye en quien atraemos y lo que sentimos, sino que es capaz de decirnos a quién deseamos y cuánto exactamente. Ella aumenta el deseo sexual, actúa como afrodisíaco natural en varones y hembras, en jóvenes y viejos.

Durante la pubertad (en las niñas) la testosterona libre y la Dhea se convierten en voceros hormonales significativos de su deseo y conducta sexual no coital (la masturbación, el fantaseo y el deseo del sexo) pero no del acto sexual como tal. Ahora bien ¿es esta reticencia resultado del efecto fisiológico de las hormonas, o de los dictados de la sociedad, o de la mayoría de los padres que no desean que sus hijas mantengan relaciones sexuales plenas?

Algunas llegan a la conclusión de que los condicionamientos psicológicos, sociales y educativos son los responsables; otros, yo misma incluida, pensamos que los tabúes sexuales serían lógicamente más aplicables a la masturbación (que es pecado en algunas religiones) que al contacto con el otro sexo, inclinándonos a pensar que se trata de una auténtica respuesta fisiológica.

¿Qué pasa con los hombres?

Mientras que el organismo masculino posee cantidades abundantes de Dhea, el impacto de ella en su impulso sexual es muy inferior al que ejerce en las mujeres, y por una sencilla razón, ellos tienen tanta testosterona, que los efectos de la Dhea son insignificantes. La importancia para ellos no radica en su deseo sexual, pero sí en otros aspectos de su salud, que en última instancia también afectan al impulso sexual, tales como el stress, las enfermedades cardíacas, los cambios en la mediana edad, el atractivo sexual y su calidad de vida.

¿Qué pasa cuando tenemos un nivel alto de Dhea?

La madre protege el sistema inmunológico, inhibe la formación de tumores, promueve la formación de masa ósea, facilita la pérdida de peso sin necesidad de dieta, genera mayor desgaste energético, reduce el colesterol, el LDL y los depósitos grasos del cuerpo, reduce el índice de mortalidad por enfermedades cardíacas, y reduce la mortandad debido a cualquier causa, especialmente entre los hombres. Casi nada, por eso es la madre de todas las hormonas.

¿Qué pasa cuando bajan los niveles de la Dhea?

Tiene mucho que ver con las enfermedades crónicas degenerativas, promueve la pérdida de masa ósea, facilita el aumento de peso, tiene relación con la falta de energías en el 50% de los cánceres ováricos, puede ser predictor del cáncer de mama, hasta con nueve años de anticipación y reduce el índice de mortalidad femenino.

¿Cómo podemos aumentarla?

Con ciertos fármacos, con la hormona prolactina, con el ejercicio físico, con la meditación trascendental, el tabaco (no aconsejable) y mis amigos…haciendo el amor.

¿Qué la reduce?

El alcohol (mal consejero), el estrés (no se queme), las enfermedades crónicas, la obesidad, el envejecimiento, la enfermedad de Alzheimer, las enfermedades del sistema inmunológico, el hipotiroidismo, la anorexia nerviosa, los glucocorticoides, el fenobarbital y otros fármacos.

Como podemos ver la Dhea tiene un perfil multifacético y esto obligará a los investigadores a aventurarse mas allá de lo físico y a integrar dimensiones emocionales críticas como tacto, el olfato y tal vez el amor, la intimidad y el compromiso. Entonces esa preocupación simplista por las necesidades "afrodisíacas" derivadas de las hormonas y demás sustancias químicas, podría dar lugar a una farmacología y unas terapias sexuales más completas maduras y útiles.

Afortunadamente y para nuestro consuelo, parece que el amor, lo definamos como lo definamos, es el mejor afrodisíaco del universo, ahora que sabemos que la madre puede a través de las feromonas, jugar un papel decisivo en la elección de nuestro objeto de amor, y la PEA en la cantidad de amor que le ofrecemos, quizás podamos descubrir, por medio de nuevas investigaciones, la mejor manera de preservar el amor. Eso sería mejor que encontrar el dorado o la fuente de la juventud. ¿No te parece?

http://elnuevodia.com.ve/


 

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