Salud y Sexualidad *

martes, febrero 24, 2009

Seis millones de mexicanos sufren impotencia sexual

Sólo 16% de los paciente se trata

Cada vez son más los varones que consumen medicamentos para tratar la disfunción eréctil. En México más de 6 millones la padecen.

Ciudad de México (México). Más de 6 millones de hombres padecen algún grado de impotencia sexual en México, de los cuales sólo 16% se somete a tratamiento médico, revelaron especialistas de una conocida empresa farmacéutica.

La multinacional Pfeizer, fabricante del medicamento contra la disfunción eréctil Viagra, presentó estas cifras en un acto en el que anunció la realización de la primera encuesta sobre 'Satisfacción y actitudes sexuales del mexicano', cuyos resultados se darán a conocer el próximo abril.

De 55% de los varones de entre 40 y 70 años en México, un país que tiene más de 103 millones de habitantes, padece impotencia sexual, un problema que en 70% de los casos está asociado con otras enfermedades crónicas.

Entre estas últimas las más frecuentes son la obesidad, que padece 66.7% de los mexicanos, el tabaquismo (39.1%), la hipertensión (20.1%), altos niveles de colesterol (+20%), depresiones (11%) y diabetes (6.5%), según la Encuesta Nacional de Salud de 2006, informe presentado como complemento.

En México se venden anualmente dos millones de pastillas de Viagra, cantidad que convierte al país en el séptimo consumidor mundial del medicamento y el mayor de América Latina.

http://www.terra.com.mx/

 

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Síntomas de salud sexual: 6 ocasiones en que debería visitar al médico

Relaciones sexuales dolorosas? ¿Picazón insoportable? Aquí le decimos si es algo serio.

Muchas mujeres tienen la tendencia a ignorar lo que les parece un problema sexual menor; después de todo esa picazón o el dolor durante sus relaciones sexuales probablemente no sea nada, ¿cierto? Pero la mayoría de las veces lo es. De vez en cuando, según los expertos, estos sutiles malestares pueden ser una alerta roja de condiciones más graves. Hemos hecho un compendio de los síntomas más comunes, fácilmente descartables, que su ginecólogo debería verificar.

Síntoma sospechoso: una picazón persistente

La causa más común puede ser una infección por hongos. El ginecólogo puede diagnosticarla al examinar el flujo bajo el microcopio (las infecciones por lo general producen una descarga parecida al queso ricotta) y curarla con un medicamento antimicótico con prescripción o una crema vaginal sin prescripción. Las infecciones como la vaginosis por bacteria y la tricomoniasis también pueden producir picazón y los antibióticos pueden eliminarlas.

El culpable menos probable puede ser una dermatitis por contacto, reacción alérgica a los irritantes como los químicos, el jabón o los materiales ásperos. Deténgala con el uso de jabones suaves; lave sus prendas íntimas con detergentes libres de aditivos y no utilice suavizantes, los cuales pueden causar irritación.

El escenario menos común sería una neoplasia intraepitelial vulvar, NIV, un crecimiento en los labios exteriores de los genitales que pueden llegar a transformarse en cáncer vulvar si no se les aplica un tratamiento.

Este cáncer es raro, pero la Sociedad Americana de Cáncer reporta que un 15% de nuevas pacientes están por debajo de los 40 años de edad y este número va en aumento. La razón es que la NIV puede ser causada por el virus del papiloma humano, VPH, transmitido sexualmente - el mismo que produce el cáncer cervical.

El Dr. William Creasman, catedrático de obstetricia y ginecología de la Universidad de Medicina de Carolina del Sur en la ciudad de Charleston, explica que con la NIV puede sentir una picazón persistente en un o más lugares. El área irritada puede aparecer levemente levantada, sentirse áspera o gruesa y de un color diferente al resto de la vulva. El ginecólogo puede confirmar la existencia de la NIV al hacer una biopsia de la lesión. A pesar que no todos los casos de NIV llegan a desarrollar cáncer vulvar, la mayoría de los ginecólogos recomienda la remoción de la misma mediante un procedimiento ambulatorio. La NIV tiene la tendencia a un crecimiento lento de manera que se diagnostica con suficiente tiempo como para curarse completamente.

Síntoma sospechoso: las relaciones sexuales producen dolor por más de dos meses

La causa más común puede ser una resequedad vaginal. Este es uno de los efectos secundarios del uso de píldoras anticonceptivas, medicinas antihistamínicas y antidrepresivos SSRI, como el Prozac; la baja lubricación también es un problema común en mujeres que acaban de dar a luz o están amamantando (por un cambio en los niveles hormonales). El remedio más rápido es el uso de lubricantes a base de agua y también puede pedir al médico que cambie sus medicamentos por otros que sean menos propensos a producir problemas de lubricación.

El culpable menos probable puede ser un quiste en un ovario, especialmente si el dolor se localiza en un lado de la pelvis y se hace más intenso durante la penetración. El ginecólogo puede sentir si sus ovarios están levemente inflamados al realizar un examen pélvico y un ultrasonido puede confirmarlo. La mayoría de los quistes desaparecerán por sí solos en tres o cuatro ciclos menstruales, pero si no es así, el ginecólogo puede sugerir el uso de un anticonceptivo oral que hace que los quistes disminuyan y desaparezcan. En algunos casos, podría ser necesaria una quistectomía (procedimiento ambulatorio) para removerlo.

El escenario menos común sería una endometriosis, que ocurre cuando algunos pedazos del recubrimiento del útero no son expulsados a través de la vagina durante la menstruación cada mes; en lugar de ello, viajan por las trompas de Falopio u otros órganos pélvicos donde se implantan y crean cicatrices. Esto produce infertilidad en un 30% a un 50% de las mujeres que lo sufren al interferir con la liberación del óvulo desde el ovario o con su paso por las trompas de Falopio. Las relaciones sexuales producen dolor dado que los órganos reproductores se vuelven sensibles por los implantes o las cicatrices.

El médico puede realizar un diagnóstico haciendo un examen pélvico y revisando la historia del paciente; también puede ser necesaria una laparoscopia, la cual permite al ginecólogo identificar el tejido del endometrio a través de una cámara que se inserta en el abdomen. El médico puede recomendar el uso de anticonceptivos orales (saltando las píldoras placebo para prevenir el dolor) y de la misma manera, el uso de una droga antiinflamatoria sin esteroides (como el ibuprofeno) una hora antes del sexo para evitar las molestias. Los implantes o tejido cicatrizado en el endometrio también pueden ser removidos con la laparoscopia, lo cual también aumenta las posibilidades de concebir.

Síntoma sospechoso: una mancha, lunar o sombra roja en un seno

La causa más común puede ser una irritación por el brassiere, la picadura de un insecto o una quemadura. Si la mancha desaparece por sí sola en un día o dos puede olvidarse de ella.

El culpable menos probable puede ser un eczema, especialmente si tiene otra mancha similar en otro lugar del cuerpo, o una dermatitis por contacto, y ambos casos pueden curarse con una crema de esteroides con prescripción. Otro de los culpables podría ser un folículo piloso infectado; el tratamiento para ellos sería la aplicación de un pañito tibio por varios minutos y el uso de un antibiótico, como la neosporina, tres veces al día.

El escenario menos común sería el cáncer de seno. El cáncer de seno inflamatorio, CSI, que cuenta para un 5% de todos los casos, por lo general presenta un área roja e inflamada en el seno. La enfermedad de Paget, un cáncer de crecimiento lento que cuenta para un 3% de todos los casos, usualmente comienza con una irritación escamosa en el pezón. Según explica Patricia Braeuning, directora médico del Centro de Cáncer del Hospital Christ en la ciudad de Cincinnati, ambos cánceres son raros en mujeres menores de 35 años, pero la mayoría de los casos más avanzados ocurren en las mujeres más jóvenes porque tanto ellas como sus médicos desechan las señales de aviso o se las atribuyen a condiciones benignas.

Si los antibióticos o esteroides no prestan ayuda después de dos semanas, debe considerarse la posibilidad de hacerse un biopsia -en la cual una pequeña muestra del tejido del seno se toma para pruebas- de inmediato, recomienda la doctora Braeuning. La tasa de supervivencia a cinco años del CSI es de un 56%; sin embargo, si una mujer es diagnosticada a tiempo, las oportunidades de supervivencia podrían ser más altas. Al detectarse temprano, la tasa de curación de la enfermedad de Paget es cercana al 100%.

Síntoma sospechoso: sangrado después del sexo

La causa más común puede ser la penetración vigorosa durante las relaciones sexuales, las cuales pueden provocar manchado ocasional y seguramente no es nada de lo cual se deba preocupar. Si el sangrado continúa o se hace intenso se debe visitar al médico.

El culpable menos probable puede ser la clamidia, una infección de transmisión sexual que hasta las parejas casadas pueden tener. Se puede confirmar con un examen de orina o prueba de flujo vaginal y se cura con antibióticos.

El escenario menos común sería un cáncer cervical. Las mujeres de 39 años o menos tienen 1 entre 567 posibilidades de tenerlo. Mientras que el VPH es el principal factor contribuyente para el desarrollo de este tipo de cáncer, pocas de las mujeres que tienen VPH lo sufren. Nunca se salte su citología anual, dado que ésta determina a tiempo los cambios precancerosos en la cerviz. Si el examen resulta anormal, puede ser necesario realizar más pruebas, incluyendo una colposcopia y una biopsia. Si se descubren a tiempo, las lesiones precancerosas son curables cerca de un 100%.

Síntoma sospechoso: Manchado entre períodos

La causa más común puede deberse a que está experimentando un sangrado si no toma la píldora anticonceptiva a la misma hora todos los días o se salta alguna. Un dispositivo intrauterino, DIU, también puede producir manchas entre períodos y su ginecólogo debe revisar que esté en su lugar.

El culpable menos probable puede ser un fibroma uterino -crecimientos no cancerosos que pueden causar sangrado en un 25% de las mujeres entre 30 y 40 años de edad. Se pueden detectar con un ultrasonido y se pueden remover quirúrgicamente.

El escenario menos común sería un cáncer en el endometrio (cáncer de los filamentos del útero) que con frecuencia produce sangrado vaginal irregular en las mujeres perimenopausicas. La mayoría de los casos ocurren en mujeres mayores de 50 años -la Dra. Linda R. Duska, catedrática asistente de obstetricia y ginecología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, dice que si la mujer tiene entre 20 y 30 años de edad su médico no debería buscar esto. Las buenas noticias son que si el cáncer al endometrio es detectado a tiempo mediante un biopsia, la tasa de supervivencia a cinco años es de un 90%.

Síntoma sospechoso: Malestar abdominal -calambres, gases o sensación de saciedad- casi a diario

La causa más común puede ser la intolerancia a la lactosa, que es una incapacidad de digerir un tipo de azúcar contenida en la mayoría de los productos lácteos. Un examen de aliento o sangre puede confirmar el problema y puede aliviar los síntomas con medicamentos.

El culpable menos probable puede ser el síndrome del colon irritable, SCI, problema que afecta a 1 de cada 5 norteamericanos mayores de 20 años. Lo más común en el SCI es el dolor abdominal que se alivia después del movimiento intestinal. El médico puede diagnosticar el SCI con la ayuda de la historia médica y determinar el tratamiento que puede incluir medicamentos que controlen los espasmos del músculo del colon para reducir el dolor.

El escenario menos común sería un cáncer de ovarios, que rara vez ataca a las mujeres menores de 40 años. Otros síntomas incluyen nauseas, diarrea, inflamación abdominal, constipación y aumento peso repentino y sin explicación.

Afortunadamente, 90% de las mujeres sobreviven al cáncer de ovario cuando éste es diagnosticado a tiempo.

http://www.correodelcaroni.com/

 

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lunes, febrero 02, 2009

El sexo inseguro hace rebrotar las infecciones de transmisión sexual

La promiscuidad, la falta de información y formación sexual y la relajación en el uso del preservativo han llevado a un aumento de su incidencia

Cuando María Jesús Barberá, ahora directora de la Unidad de Infecciones de Transmisión Sexual (UITS) del ambulatorio de Drassanes en Barcelona, empezó su residencia en la década de 1990 apenas se veía algún caso de sífilis aislado. Ahora, en la UITS donde ejerce esta internista infectóloga se diagnostica uno cada día. Esta enfermedad, tradicionalmente asociada a la prostitución, es uno de los casos más llamativos, porque su incidencia se ha duplicado en los últimos 10 años en España (de 763 casos en 1997, a 1.734, en 2007, según datos del Centro Nacional de Epidemiología).

Pero el caso de la sífilis no es el único. Otras ITS, como la gonorrea, el herpes genital y la infección por clamidia han ido aumentando de forma progresiva en los últimos cinco años. Los españoles, sin embargo, siguen teniendo una muy baja percepción de riesgo y un muy escaso conocimiento de sus mecanismos de transmisión. Éste es el diagnóstico ´alarmante´ que hacen los profesionales. Motivos hay muchos, pero la mayoría asegura que desde la aparición en escena de los antirretrovirales para tratar el sida, hace más de una década, españoles y europeos han bajado la guardia en sus contactos íntimos debido a una falsa sensación de control y una mayor relajación de las conductas sexuales. Y estas enfermedades infecciosas, que habían ido disminuyendo desde la aparición de la epidemia del sida, volvieron a aparecer con fuerza a partir del año 2000, sobre todo entre los hombres homosexuales, pero también, aunque en menor medida, entre mujeres en edad fértil y personas jóvenes heterosexuales.

Menos preservativos

En paralelo a este rebrote, las encuestas muestran una alarmante disminución en el uso del preservativo. Los profesionales insisten en que la mayoría de los adultos muestra una total desinformación acerca de las vías de contagio: las ITS sólo pueden transmitirse por contacto sexual, tal como su nombre indica, y no se pueden coger ni en los lavabos, ni en la piscina, a pesar de lo que diga la leyenda urbana.

A excepción de infecciones víricas como el herpes genital, el virus del papiloma humana (VPH) y el VIH, que no tienen tratamiento curativo, las ITS son infecciones fáciles de tratar -normalmente con antibióticos-, pero difíciles de diagnosticar porque muchas veces cursan de forma asintomática en las mujeres, debido a la anatomía de su aparato reproductivo.

Las consecuencias para la salud no son en absoluto menores: desde enfermedades crónicas como el sida a infertilidad, cuadros graves de infecciones pélvicas o lesiones dérmicas y neurológicas de gran trascendencia. "También los cánceres de cérvix, vulva, vagina, pene y ano pueden tener su origen en una ITS asintomática", insiste Ezequiel Pérez Campos, ginecólogo y presidente de la Sociedad Española de Contracepción (SEC).

Y todavía hay más: los expertos advierten de que este rebrote, todavía preocupantemente silencioso, puede cambiar el panorama de la incidencia de VIH en el mundo, porque las ITS son un vehículo que facilita su transmisión. "La sífilis, por ejemplo, se presenta con una úlcera que se convierte en una puerta de entrada al VIH", explica Barberá. Algo similar ocurre con las otras infecciones.

Este repunte llamativo de la gonorrea y la sífilis afecta sobre todo a los hombres homosexuales, aclara la infectóloga, y pide que no se baje la guardia y se utilice el preservativo tanto para sexo genital, como anal u oral. Pero también aumenta la incidencia en heterosexuales y, de hecho, aparecen nuevos colectivos de afectados en escena: mujeres en edad fértil o menores de 25 años parecen cada vez más vulnerables a las demás ITS (virus del papiloma, clamidia y herpes genital). La clamidia, una bacteria que afecta sobre todo a jóvenes menores de 24 años y puede causar infertilidad y embarazo ectópico, se ha convertido en los últimos años en la primera de la lista de las enfermedades infecciosas en Europa. Según datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), su incidencia era de 99,3 por 100.000 habitantes en 2005, sobre todo en los países nórdicos.

Pero, en España, poner cara y cifras a estas infecciones es harto difícil. "Hay que ser muy cautos a la hora de generalizar los datos epidemiológicos respecto a las ITS, porque ni se declaran todas, ni los datos que tenemos son exhaustivos", asegura Jordi Casabona, director del Centro de Estudios Epidemiológicos sobre las ITS y el Sida de Cataluña (Ceeiscat). Desde el año 2006, esta comunidad autónoma cuenta con un nuevo circuito de notificación de las enfermedades de declaración obligatoria que considera la sífilis, la gonococia y el linfogranuloma venéreo (un tipo de clamidia) como objeto de declaración individualizada con datos demográficos, y la infección genital por clamidia, por tricomonas, por herpes genital, papiloma virus y otras ITS, como objeto de notificación numérica semanal. Este avance ha permitido, según Casabona, empezar a definir el problema y generar estrategias de control y prevención, como la elaboración de una guía de práctica clínica y cursos específicos de formación para los médicos de primaria y otros especialistas.

En el resto del país, muchos expertos se quejan de la falta de iniciativas similares que pongan sobre el papel el aumento que observan en la práctica clínica. La información epidemiológica sobre las ITS en nuestro país se obtiene a través del Sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria (EDO), que sólo da cifras sobre sífilis, sífilis congénita e infección gonocócica. Otra fuente complementaria es el Sistema de Información Microbiológica, que actualmente recopila datos de una red de 46 laboratorios, con una cobertura aproximada del 25% de la población, y que aporta cifras, también en aumento, para las infecciones por clamidia y herpes simple, tipo 1 y tipo 2.

La mejora de los métodos diagnósticos para estas infecciones es otra de las asignaturas pendientes, pero "sobre todo hay que cambiar el comportamiento cultural hacia estas enfermedades", insiste Fernando Vázquez, jefe de los Servicios Básicos del Hospital Monte Naranco de Oviedo y portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). Las ITS siguen teniendo "un componente tabú que se ve agravado por la falta de información", concluye Vázquez. Según el portavoz de la SEIMC, es importante tener en cuenta las consecuencias que pueden tener para los más jóvenes seguir mirándolas de esta manera.

Adolescentes

"Por qué me lo tienen que contagiar a mí, con la de gente que hay en el mundo", dice contundente María G., de 16 años, alumna del IES Eugeni d´Ors de Vilafranca del Penedès (Barcelona). Acaba de seguir con interés la obra de teatro Que sí, vida , del grupo Teatreacció, subvencionado por el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña. La obra expone de forma lúdica pero rigurosa las bondades del preservativo como protector del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS). María G. parece ser una de aquellas adolescentes informadas y "conscientes2, pero, igual que sus amigas, que le hacen "corrillo", admite que ha oído hablar poco o nada de otras ITS que no sean el VIH aunque "le suenan", y confiesa que lo que más le preocupa de sus primeras relaciones sexuales es el embarazo.

Las chicas siguen buscando a su príncipe azul, y los chicos, el placer inmediato. Igual que antaño. Pero los profesionales que trabajan con ellos advierten de que la sexualidad ha cambiado mucho, porque se ha convertido en un producto de consumo, con unas conductas que asumen mayor riesgo. En el Centro Joven de Anticoncepción y Sexualidad (CJAS) de Barcelona se llevan a cabo más de 400 talleres de educación afectiva y sexual al año. Su directora, la ginecóloga Rosa Ros, comenta que en algunos medios se hace un "ofrecimiento perverso" de la sexualidad que repercute, en especial, en los más jóvenes.

"En nuestros talleres, los chicos preguntan a menudo por fantasías que han visto en páginas web o películas pornográficas y que demuestran que reciben de la sociedad el mensaje de que todo vale, de que todo estímulo puede ser útil", explica Ros. El uso del alcohol y las drogas les lleva a avanzar acontecimientos y probar cosas nuevas, cuando todavía están confundidos entre lo que sienten y lo que pueden llegar a hacer. La sexualidad de las chicas va más ligada a la emoción y ellas son las gestoras de la protección, continúa Ros, pero "en el momento de la verdad siguen sometiéndose".

¿Qué saben de las ITS? "En muchos casos, ya tienen suficientes problemas en conseguir que todo vaya bien y lograr el placer que fantasean, como para estar pendientes de las infecciones", explica la ginecóloga. En el último sondeo sobre Salud y sexualidad del Instituto de la Juventud (Injuve), el 30% de los encuestados declaró no haber usado preservativo en sus últimas relaciones sexuales, una cifra siete puntos por encima de la del estudio anterior, de 2003. Pero los jóvenes sólo son un reflejo de lo que ocurre, a mayor escala, entre los mayores, insiste Juan Ballesteros, médico del Centro Sandoval de Madrid, que lleva más de 80 años diagnosticando y tratando las ITS.

"El punto fuerte debe ser la educación, sin sesgos morales, ni religiosos, ni políticos", subraya Ballesteros, que se muestra preocupado por el hecho de que "la sociedad siga estigmatizando a esta población con escasos recursos para defenderse, cuando la mayoría de las ITS y de las conductas sexuales de riesgo que conducen a ellas son más frecuentes entre los adultos, que además tienden a cargar de moralina la formación e información en materia sexual".

La educación sexual es, para todos, la clave, pero "debería ser transversal", los programas de prevención "deberían partir de sus necesidades y ser dosificados a través de preguntas, nunca en frases cerradas", matiza Ros.

La baja percepción de riesgo que conlleva la adolescencia, así como otros factores biológicos, como la inmadurez de sus genitales, les hace vulnerables a algunas ITS, sobre todo cuando salen de su entorno habitual y empiezan a relacionarse con personas de mayor edad o de otros países, con un todavía menor control de estas enfermedades. En las consultas con mujeres adolescentes ya se detecta un aumento de enfermedad pélvica inflamatoria (EPI), secundaria a una infección por clamidia. Y un primer estudio comparativo realizado en Cataluña con poblaciones centinela corrobora este mayor porcentaje de la incidencia de esta infección (a la larga, pueden causar infertilidad) en poblaciones menores de 25 años.

El epidemiólogo Jordi Casabona es prudente a la hora de dar valor a estos primeros resultados, pero señala que son muchos los indicadores que sitúan la adolescencia como etapa de riesgo: aumento de embarazos y abortos en menores de 20 años, aumento del uso de la anticoncepción de urgencia y cada vez mayor precocidad en el inicio de las relaciones sexuales son algunos de los datos más preocupantes.

http://www.mega24.com.ar

 

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